Contact
Contact

Dirigida por

Robert Zemeckis

Año

1997

Etiquetas

1930 | 1980 | 1990 | Espacio | Televisión

Relación con las Telecomunicaciones

Situación: Los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 fueron los primeros Juegos televisados y esa señal de televisión juega un papel clave en la acción del film.

Situación: La base de la comunicación radio es la escucha, oír una respuesta, sea una voz o sea un mensaje cifrado, sea con un equipo de radioaficionado en casa, sea con una gran antena en Arecibo o sea con la Very Large Array en las Llanuras de San Agustín.

Situación: Aparece un dispositivo portátil MAGELLAN de comunicación por satélite que da pie a una video-conversación de casi dos minutos con la estación rusa MIR.

Contact: necesito otra antena

Carl Sagan concibió la idea de Contact en 1979. Ese mismo año una persona muy cercana a Sagan fue contratada como ejecutiva de estudio para una productora cinematográfica y, obviamente, no dudó en presentar la idea de Contact a su productor con el resultado de un principio de contrato para desarrollar la película. Sagan, con la ayuda de su mujer, Ann Druyan, escribió un tratamiento de más de 100 páginas (para un largometraje, este documento oscila entre veinte y cuarenta páginas y consiste en un desarrollo de la idea previo a lo que será el guión) que tuvo terminado en noviembre de 1980. Según Druyan, su sueño fue escribir algo que fuera una representación de lo que podría haber sido una toma de contacto real a la par que transmitiera la verdadera grandeza del universo. Las analogías científicas y religiosas se añadieron como metáfora de los intereses filosóficos e intelectuales en la búsqueda de la verdad humana y el contacto con los extraterrestres.

Por su parte, Sagan introdujo en el guión la teoría de Kip Thorne sobre viajes en el tiempo mediante agujeros de gusano. La caracterización de la Dra. Arroway estuvo inspirada en la Dra. Jill Tarter, directora del Proyecto Phoenix del SETI (Search for ExtraTerrestrial Intelligence o Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), y la actriz Jodie Foster preparó su personaje manteniendo reuniones con ella. Tarter sirvió como consultora para retratar de manera realista la lucha de las mujeres en la ciencia entre los años 1950 y 1970.

En 1982, la película estaba estancada en su desarrollo y Sagan empezó a convertir su idea original en una novela que fue publicada en septiembre de 1985 por Simon & Schuster. La película siguió en proceso de desarrollo hasta 1996 cuando Robert Zemeckis finalmente aceptó el puesto de director y, afortunadamente, el estudio le brindó el control artístico absoluto sobre el film.

A pesar de ser diagnosticado de mielodisplasia en 1994, Sagan continuó formando parte en la producción de la película. El rodaje fue retrasado por un tiempo tras la muerte de Sagan el 20 de diciembre de 1996. Una vez completado el rodaje, la película le fue dedicada.

Un espectacular movimiento de cámara hacia atrás de tres minutos que recrea la diáspora intergaláctica de señales de radio y televisión sujetas al efecto de la fuga radioeléctrica llevándonos desde la ruidosa estratosfera de nuestro planeta al silencioso confín de la galaxia sirve como elocuente introducción, como preciso y precioso corolario previo, de lo que la película va a desarrollar en los siguientes 145 minutos, conformando una obra elegante, apasionada y enérgica que traba con inquietud, y un despliegue de ingenio asombroso, una historia que habla de lo humano y lo divino, lo finito y lo infinito, la razón de la ciencia y la fe de la religión y de cómo dichos conceptos pueden llegar a aunarse para arrojar luz sobre esas preguntas que la humanidad siempre se ha hecho.

La Dra. Eleanor "Ellie" Arroway trabaja para el programa SETI en el Observatorio de Arecibo en Puerto Rico. De niña pasaba horas con su estación de radioaficionada comunicando cuanto más lejos posible en un intento de recibir alguna señal de vida cercana, primero de su madre y luego de su padre. Ahora escucha transmisiones de radio con el objetivo de encontrar señales de vida extraterrestre. El Asesor Científico del Presidente retira los fondos del programa porque cree que el esfuerzo es inútil. Arroway consigue financiación por parte de un misterioso empresario multimillonario que le permite continuar su investigación en el Very Large Array en las Llanuras de San Agustín, en el Condado de Socorro, Nuevo México. Cuatro años más tarde, Arroway encuentra una señal que repite una secuencia de números primos procedente de Vega. La señal incluye las imágenes televisadas de los Juegos de 1936 y toda la información técnica necesaria para construir una especie de transporte espacial para un único pasajero.

La película analiza el impacto que esta noticia provoca tanto en la sociedad como en las personas que viven de cerca semejante acontecimiento así como la coexistencia que se establece entre razón y fe. La realización de Zemeckis es fantástica, destacando el cuidado, cariño y delicadeza que impregnan la mayoría de sus planos entre los que es inexcusable mencionar la hipnótica secuencia de Ellie niña subiendo las escaleras y corriendo hacia el botiquín, la estática escena de la perseverante Ellie tocada para protegerse de la radiación solar junto al VLA apuntando al firmamento para captar la más mínima radiación radioeléctrica, la dinámica escena del primer contacto con Ellie al volante del descapotable de su padre por entre las antenas del VLA volando hacia el centro de control o el descriptivo recorrido por el variopinto improvisado campamento que se ha establecido a la entrada del VLA tras la noticia.

Si bien la escucha de señales del espacio está automatizada ("Es fantástico que escuche, ya casi nadie lo hace"), la protagonista, que había sido radioaficionada de niña, sigue a la escucha, tanto en Arecibo ("Es una vieja costumbre, me hace sentir más íntegra"), como en el VLA y es precisamente esa escucha en paralelo con el sistema automático la que le permite cazar la señal procedente de Vega.

No hay que distraerse en detalles nimios como si la orientación de las antenas tiene sentido o la inconveniencia de comunicar con un walkie a pie de parabólica pues hay que dejarse llevar por la emoción y dejar un poco de lado la razón; al fin y al cabo es lo que con naturalidad suele ocurrir en el primer contacto.

Vídeos

¿Podríamos hablar con Nueva York?. Sí. ¿Y con California?. No veo por qué no. ¿Y con Alaska? En un día despejado. ¿Y con China? En un día muy, muy despejado. ¿Y con la luna? Con una radio lo bastante grande, sí. ¿Podríamos hablar con mamá? Ni la radio más grande llegaría tan lejos. ¡Y ahora, a dormir! ... ¿Papá? ¿Crees que hay gente en otros planetas? No lo sé; pero si sólo estamos nosotros, ¡cuánto espacio desaprovechado!

Tráiler

¿A dónde van las palabras? ¿Hasta dónde llegan las ondas radioeléctricas? ¿Hay alguien ahí fuera? No lo sé; pero si sólo estamos nosotros, ¡cuánto espacio desaprovechado!

El largo viaje de las ondas de radio

Establecimiento de la conexión: primero, una envolvente que llame la atención del potencial destinatario y para eso nada como los números primos (¡Eh, vosotros!); segundo, una marca que identifique unívocamente el destinatario y para ello nada como devolver una señal de radio a quien la transmitió (Sí, vosotros: esto es vuestro) y por último, y no menos importante, el mensaje con la información que realmente se quiere hacer llegar (Y esto es para vosotros), si bien eso vendrá después de la primera toma de contacto.

Primer contacto

Los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 fueron los primeros Juegos televisados si bien la transmisión estuvo limitada a la ciudad de Berlín y, según parece, se compusiese de imágenes de mala calidad incluso teniendo en cuenta la tecnología de la época. El poeta diría al respecto: "lo que te perturba se desvanece con el tiempo, tal vez para reaparecer como una sombra, si bien no tan grande".

El retorno de las ondas de radio

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