Cortocircuito
Cortocircuito

Dirigida por

John Badham

Año

1986

Etiquetas

1980 | IA

Relación con las Telecomunicaciones

Situación: ¿un robot, autónomo, curioso y ansioso de conocimiento, puede ser considerado un ser vivo y tener derechos?

Cortocircuito: no avería, Número 5 ¡está vivo!

Durante la década de 1980, década clave de la "Segunda Guerra Fría" (1979-1991), el ciudadano de a pie percibía en propia carne una inminente guerra a base de sofisticados y potentes misiles entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Durante los dos mandatos presidenciales de Ronald Reagan (1981-1989), Estados Unidos alcanzó la supremacía militar sobre su enemigo mediante una gran inversión en tecnología militar aunque al precio de un país depauperado y con una gran desigualdad social.

En este contexto se desenvuelve Cortocircuito, una historia sobre la aplicación militar de la robótica que convenientemente maquillada como comedia (cuando fui a una de las bibliotecas públicas de la ciudad para ver de nuevo la película, resultó que la tenían catalogada como 'infantil') cuestiona la dedicación de valiosos recursos económicos y de investigación a desarrollos bélicos. El guión hace hincapié en el descabellado eufemismo de "mantener la paz" mediante la fabricación y uso de armas.

Howard Marner es un brillante científico seducido por un oscuro pragmatismo que trabaja para la división de robótica de la gran corporación NOVA. Acorde con la época en la que se encuentra, Marner es consciente de que el Gobierno les comprará con los ojos cerrados y la chequera abierta robots diseñados para ser lanzados tras las líneas enemigas y desde allí atacar con toda clase de armas. Su antítesis en NOVA es Newton Crosby, diseñador científico que aborrece la aplicación militar de su trabajo y está más interesado en los usos pacíficos de la inteligencia artificial, como por ejemplo la composición e interpretación de música.

La presentación 'sobre el terreno' de cinco unidades de robots SANTI (Sistema Artificial Nuclear de Transporte Inteligente), en inglés SAINT (santo), abre los ojos a todos los presentes sobre el gran poderío destructor de estos robots, perfectos para los intereses de la empresa en un contexto de guerra.

Más tarde, durante los preparativos para la presentación 'en sociedad', el robot número 5, mientras está conectado al generador de recarga y con el disparador láser aún activado, recibe una potente descarga eléctrica que acaba por inculcarle el sentido de la vida y el libre albedrío. Por una carambola de casualidades acaba fuera de la base y convertido en moneda de cambio. Él se ve autónomo, curioso y ansioso de conocimiento pero NOVA lo tilda de descontrolado, armado y peligroso.

La comedia está servida en la pantalla pero, sobre el papel, Número 5 abre otro frente de reflexión: normativa legal y responsabilidad civil.

Al escaparse de las instalaciones de NOVA pone en un gran aprieto a sus desarrolladores por el potencial peligro de causar grandes destrozos personales y materiales en un entorno civil de los cuales la empresa, como propietaria del dispositivo, tendría que hacerse responsable.

Desde el punto de vista del robot, ninguna ley lo ampara tampoco, ni en la época de la película, ni en la actualidad, ya que apenas existe legislación al respecto más allá de la normativa relativa a seguridad industrial y estándares de fabricación. Sin embargo, existe un interés progresivo en elaborar nuevas leyes para los nuevos escenarios tecnológicos que se avecinan a través del desarrollo de la robótica.

Corea del Sur es el país que más legislación ha desarrollado al respecto, con la 'Korean law of the development and distribution of intelligent robots' de 2005 y la 'Legal Regulation of autonomous systems in South Korea' de 2012. Japón, como la mayor potencia del mundo en robótica también ha elaborado una serie de guías, la última de las cuales se aprobó en 2015. Por su parte, en 2016, la Unión Europea está desarrollando un proyecto legislativo, sin vigencia legal, denominado 'Regulating Robotics: A Challenge For Europe'.

Uno de los objetivos de estas normativas es clasificar los dispositivos en distintos niveles:
Nivel 1: Sistemas inteligentes programados.
Nivel 2: Robots no autónomos.
Nivel 3: Robots autónomos.
Nivel 4: Inteligencias artificiales.

En ninguna de estas normativas se prevé un desarrollo desde el punto de vista del robot, sino más bien el establecimiento de medidas de seguridad, responsabilidades y estándares de calidad de unas máquinas en cuyo desarrollo están implicados un amplio número de sectores tecnológicos.

El caso planteado en Cortocircuito, que un robot sea susceptible de tener derechos, rebasa totalmente la legislación que se está desarrollando en la actualidad, ya que la robótica, desde un punto de vista aplicado, tiene por objetivo fabricar máquinas que nos ayuden y nos hagan la vida más fácil, no seres vivos.

Syd Mead.

Mead es un dibujante que se ha especializado en crear futuros con lógica, racionales, partiendo de lo cotidiano de su tiempo. Empezó transformando el diseño mundano de los secadores de pelo, las batidoras, las maquinillas de afeitar y los coches. En esa etapa de su vida profesional, Mead describía su trabajo como "el lubricante del capitalismo". Luego, pasó a hacernos soñar creando escenarios de película, clásicos entre los clásicos. Su primera colaboración fue "Stark Trek: la película" (1979, Robert Wise) y su última, hasta la presente, ya con 80 años en sus lápices, ha sido "Elysium" (2013, Neill Blomkamp). Si se piensa en una película futurista que haya calado en el público, sobre todo en la década de los 80, muy posiblemente el diseño de arte haya sido suyo, bien de forma directa o indirecta.

Indirectamente. A finales de los sesenta, diseñó un vehículo articulado, con extremidades; un vehículo muy parecido a los que aparecen en 'El Imperio contraataca' (1980, Irvin Kershner) luchando contra los rebeldes en la nieve. Es un diseño de 1969. Según explicó, su idea era que las patas pudieran convertirse fácilmente en ruedas. El objetivo era poder penetrar en lugares nevados inaccesibles. Estaba inspirado en la fisonomía de los elefantes. Aunque tampoco podemos decir que fuera una idea suya exclusiva, cuando él los publicó, el ejército americano ya había iniciado un prototipo, el RH-2010, The GE Walking Truck, de similares características. Por su parte, para 'El Imperio contraataca', George Lucas quería una máquina de destrucción para la nieve. En principio pensó en usar tanques del ejército noruego revestidos para darles apariencia espacial pero, buscando inspiración, cayó en su manos el libro de Mead para US Steel y vio que ese vehículo con patas era justo lo que necesitaba.

Directamente. Entre sus diseños históricos, uno con impronta: Cortocircuito. Esta vez tenía que ser un robot "simpático". Nada de análisis de corte industrial. El director, John Badham, le pidió que dentro del robot pareciera que hubiera una persona. Que tuviera alma. Sentimientos. Era lo que la película trataba de contar. Después de estrujarse las meninges, Mead logró que Número 5 transmitiera una apariencia humana, aunque fuera un conjunto de hierros, con una de sus salidas más geniales: los párpados. Con eso logró que el robot jugase con la mirada y transmitiera emociones.

Al respecto de este tema, Mead comentó: "El problema de diseñar para el cine, en lugar de para la industria convencional, es que si yo hago el diseño de una cámara de fotos luego ellos se gastan un montón de dinero para educar al público para que crea que eso, de hecho, es una cámara. En el cine, ese lujo no se da. Tienes que jugar con el vocabulario que ya está en la cabeza de la audiencia, tienes que hacer concesiones. En realidad estás manipulando clichés".

Syd Mead, el Velázquez de nuestros sueños futuristas.

Vídeos

¿Nuclear? No gracias, tenemos Rambo (Rambo: Acorralado - Parte II, 1985, George P. Cosmatos). ¿Rambo? No gracias, tenemos soldados (El guerrero americano, 1985, Sam Firstenberg). Señores, que estamos en 1986, ni bomba nuclear, ni Rambo, ni soldados: en NOVA tenemos robots SANTI, cinco para empezar pero pueden ser más si así lo desean, y sirven tanto para un roto como para un descosido, tanto pueden detener una columna motorizada escoltada por tanques como servir un gin tonic al punto de gusto.

Demostración de lo que vale un número ¡y son 5!

En 1972, después de rechazar más de cien ideas y tras una investigación de tres años, la agencia publicitaria McCann presentó el eslogan publicitario que acompañó a la compañía Coca-Cola durante los años 70. El elegido fue "Coke Adds Life", que se acabó traduciendo en España como "La chispa de la vida", un eslogan de los más recordados por la población de habla hispana. El concepto se mantuvo hasta 1982, fecha en la que fue sustituido por "Coca Cola es así" (Coke is It). Abril de 2016. Los científicos han detectado que el momento exacto de la concepción está marcado por un destello de luz provocado por una erupción de chispas de zinc en el óvulo. De acuerdo con el estudio, publicado en la revista 'Scientific Reports', tras liberarse del óvulo, el zinc se une a pequeñas sondas de moléculas que emiten chispas microscópicas fluorescentes. Entremedias de ambos alumbramientos, 1986 en concreto, un chispazo deja a Número 5 entre el destello comercial y el conceptivo, como corresponde a su fecha de realización.

Número 5, sobrecargado

Según Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo XVII, la curiosidad es uno de los rasgos definitorios del género humano: "El deseo de saber cómo y porqué, la curiosidad, es una característica solo presente en el hombre y en ningún otro ser vivo. De modo que el hombre se distingue de los demás animales no solo porque posee razón sino también por esta pasión tan singular". La curiosidad, en opinión de Hobbes, es lo que motiva "la continua e infatigable producción de conocimiento". A diferencia del apetito carnal, afirmaba Hobbes, "la curiosidad no se extinguía con una breve vehemencia, sino que era inagotable". Ya lo dijo también el que fuera mentor de Hobbes, Francis Bacon, "no hay como saciarse de conocimiento".

Número 5: ¡necesito datos!

Badham solo tuvo que resolver cómo situar la cámara en el reducido habitáculo de la camioneta accidentada para realizar el plano y contraplano del diálogo pero, en concreto, cuando Número 5 expone su conclusión, un simple primer plano de sus ojos basta pues el diseño de Mead hizo todo el trabajo.

Escapar. Escapar. Esconderse. Seguridad. Refugio.

¡Calma! ¿Qué es lo que temes? ¿De qué tienes miedo?.

Robótica NOVA, desmontar, muerto, desmontar Número 5, muerto como abuelo.

Tú no puedes morir: eres una máquina.

Noooooooo.

¡Número 5 está vivo!

A veces es bueno volver, echar la vista atrás y ser consciente de todo lo que dejaste pero también de todo lo que ganaste, revivir aquellos días sin nostalgia y sí con mucha alegría porque tuviste la oportunidad de disfrutarlos. Es un privilegio poder sentirte como en casa en más de un sitio, tener brazos y sonrisas que te reciben sin importar el tiempo que hace que no te ven, contar con personas con las que compartiste poco tiempo de tu vida pero que no se han olvidado de ti, eso es lo que de verdad importa. Es una suerte que en el cómputo de los recuerdos ganen los buenos. Badham, como si intuyese que empezaba su declive tras estar diez años en la cresta de la ola, se aplica el cuento y se da un homenaje, por supuesto merecido, con la escena del baile en el comedor de casa de Stephanie. Han pasado 9 años de su gran despegue con "Fiebre del sábado noche" (1977) y la película ya está en el circuito televisivo. De la gran pantalla a la pequeña pantalla. De la sala de cine a la sala de estar. De la espaciosa pista de baile al apretado comedor de casa. Y, en estas condiciones de espacio reducido y con un robot con dos orugas por pies, se da el homenaje. Número 5, alias Johnny 5, primero emula a John Travolta en el icónico 'Deberías estar bailando' y luego, mutado en bailarín loco a los compases y planos de 'Más que una mujer', saca a bailar a Stephanie hasta que grácilmente la sujeta suspendida de espaldas, ya puestos, en un referencial homenaje a Marvin Minsky por su brazo articulado de 1968. Son saltos de nueve años, en áreas aparentemente distintas pero que convergen en Cortocircuito: Minsky supo hacerlo en 1968, Badham lo supo hacer en 1977 y en 1986, ¡Oh, Número 5!, tú también sabes cómo hacerlo, ¡eres un lince!

Oye, ¿sabes una cosa? Veo que no eres un mal bailarín.

Bailarín loco.

... por la mañana tendrás que buscarte otra casa.

Esta casa, casa de Stephanie, casa de Número 5.

No, Número 5. No sabes lo que dices.

Número 5 sabeeer.

Número 5 saber

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