El Círculo
El Círculo

Dirigida por

James Ponsoldt

Año

2017

Relación con las Telecomunicaciones

Situación: Transparencia versus privacidad.

Situación: ¿Qué precio estaríamos dispuestos a pagar por el conocimiento y la transparencia absolutos? y ¿hasta qué punto estamos dispuestos a renunciar a nuestra privacidad para conseguirlo?

Situación: Una mirada al futuro próximo del mundo digital con el fenómeno del Big Data como elemento fundamental, invasivo y omnipresente.

El Círculo: saber es bueno, pero saberlo todo... es mejor

El Gran Hermano omniscente imaginado por George Orwell en su novela 1984 casi se ha convertido en una realidad gracias a las cámaras que nos rodean y a la constante presencia de Internet en nuestras vidas. Algo que tiene sus ventajas pero que casi ha acabado con nuestra privacidad.

Es la historia de Mae Holland, una joven ambiciosa que es contratada para trabajar en El Círculo, la empresa de internet más influyente del mundo que, a través de un innovador sistema (TruYou), pretende crear una sola cuenta, una sola identidad, una única contraseña y un solo sistema de pago por persona. Un sistema que, por supuesto estaría bajo su control, lo que la convertiría, de hecho, en el Gran Hermano.

La vida de Mae cambiará drásticamente cuando Eamon Bailey, el carismático fundador de la compañía, la anime a formar parte de un experimento innovador que redefinirá los límites de la privacidad, la ética y, en última instancia, su libertad personal. Básicamente tendrá que retransmitir su vida las 24 horas del día en Internet.

La película se basa en la novela homónima del estadounidense Dave Eggers. En ella el autor presenta una mirada al futuro del mundo digital, en el que el fenómeno del Big Data juega un papel fundamental de una forma invasiva y omnipresente.

La protección de la privacidad en internet.

La privacidad en internet no es un problema tecnológico, es una cuestión social, política, sociológica, filosófica, semántica, y ese conjunto de conocimientos es necesario para poder evolucionar, porque no se trata de solucionar nada sino de evolucionar.

La tecnología es positiva pero tiene reverso: igual que se utiliza para mejorar la vida de las personas los criminales la pueden utilizar para cometer delitos. Es necesario "alfabetizar" a los usuarios porque se hace un uso intensivo de la tecnología pero sin saber nada de la misma, y sin entender cuáles son las consecuencias que tiene y lo que se hace. Los usuarios se han convertido en ciudadanos de cristal porque, al no tener nada que ocultar e ir dejando la huella digital hasta en el gimnasio, son transparentes lo que les convierte en personas muy frágiles.

Big Data.

En 1998, el informático teórico estadounidense John Mashey publicó un artículo titulado "Big Data and the Next Wave of Infrastress" (Big Data y la próxima ola de 'infraestrés'). En él, Mashey hacía referencia al estrés que iban a sufrir las infraestructuras físicas y humanas de la informática debido al imparable tsunami de datos que ya se oteaba en el horizonte, inmanejable con los instrumentos de gestión al uso.

Algunas cifras de 2015: cada día se realizan, por ejemplo, más de un billón de consultas en Google, más de 250 millones de tuits en Twitter, 800 millones de actualizaciones en Facebook, 60 horas de vídeos subidos por minuto en YouTube, 10.000 transacciones mediante tarjeta de crédito por segundo.

La ingente cantidad de información que producimos procede de un sinfín de dispositivos que forman parte de nuestra vida cotidiana. Con ellos emitimos una retahíla de datos que van conformando nuestros avatares digitales. De eso trata el big data. Es el término que afronta la labor de almacenar, clasificar, analizar y compartir ese cúmulo masivo de información. De lidiar con las denominadas "tres uves" del big data: gestionar un Volumen de datos descomunal a la mayor Velocidad posible considerando su extraordinaria Variedad.

Según Viktor Mayer-Schönberger y Kenneth Cukier, autores del libro "Big Data: a revolution that will transform how we live, work and think" (Big Data: una revolución que transformará cómo vivimos, trabajamos y pensamos), los peligros que se deducen de la gestión de esos datos son los relacionados con la privacidad de las personas. Pero hay otros, como el robo de datos para causar daños a terceros o la tendencia a penalizar a personas que, sin haber cometido ningún delito, son, según la correlación de datos disponibles, propensos a cometerlos.

Mayer-Schönberger y Cukier definen el big data como "la capacidad de la sociedad para asimilar la información mediante vías novedosas con el objetivo de producir conocimientos, bienes y servicios de valor significativo". Pero mientras para unos un "valor significativo" puede ser frenar la propagación de una epidemia, para otros, lo es optimizar la operatividad de un cártel de narcotraficantes o asegurar el éxito de un ataque terrorista a gran escala.

Los datos son el petróleo del futuro, el oro del mañana, afirman los expertos. Sirven para predecir tormentas, huracanes, terremotos, erupciones volcánicas o tsunamis. Para monitorear la evolución del cambio climático. Para conocer el estado de nuestros mares, discernir el comportamiento de los animales o realizar el seguimiento de especies amenazadas... Y por supuesto sirven para vender más y más de la forma más óptima y personalizada. Por ello ya han surgido nuevas disciplinas y profesiones destinadas a encontrar, entre esa ingente amalgama de datos, patrones ocultos y correlaciones inesperadas. Como la denominada "minería de datos", que recluta especialistas capaces de bucear y descubrir esas conexiones, o a expertos que crean nuevos software para almacenar y gestionar esa avalancha digital.

Pese a los riesgos, el big data tiene su lado bueno. Una gran cantidad de aplicaciones provienen de los datos emitidos por las tarjetas SIM de los celulares. Hoy, la mayor parte de las personas, vivan en Suecia o en Sierra Leona, disponen de teléfono móvil, aunque sea de gama baja. Las tarjetas SIM permiten localizar a los usuarios, lo que, en combinación con imágenes de satélite, resulta de gran utilidad para seguir en tiempo real, por ejemplo, campañas de vacunación o descubrir pueblos enteros que no aparecían en el mapa y a los que las vacunas no podían llegar. O para localizar grupos de personas tras una catástrofe: en 2010, tras el terremoto de Haití, muchas personas huyeron de la capital y gracias a la interpretación de los datos pudieron ser ubicadas y atendidas por los equipos de emergencia.

Vídeos

James Ponsoldt: "¡Amo la tecnología! ¡El cine ama la tecnología! Seríamos tontos si dijéramos que es mala per se. Estoy enganchado a Facebook, Twitter, Internet. Hoy las películas, todo, dependen de las reacciones de la gente en las redes sociales. El Paraíso puede albergar el Infierno, y las cosas buenas pueden tener otras malas... Y si no, ahí tenemos los tuits del presidente Trump. O las sospechas de hackers infuenciando en las elecciones. ¿Hasta dónde puede llegar esa idea utópica de la aldea global, de la conexión total, de la transparencia, como le sucede a la protagonista?".

Tráiler 1

Al respecto de la novela de Dave Eggers que adapta el film, todo un fenómeno mundial entre el público juvenil, el director y guionista comenta: "Sus lectores tienen de media unos 17 años. Mi esposa es profesora de instituto y trata con chicas y chicos de esas edades, y fue quien me dio a leer la novela. Lo hice de un tirón, me identifiqué con Mae, la protagonista, y me asusté al ir descubriendo, poco a poco, hacia dónde iba esa idea de los magnates de El Círculo. Pero entendí la razón del éxito y el estatus de culto de la obra entre los adolescentes. Está hablando de ellos más allá de una excusa casi de ciencia-ficción. Enfocar de esa manera el guion fue la clave. Materias como la defensa del espacio privado, íntimo, ante el público, el temor a no ser aceptado en el grupo, conceptos como la popularidad... hablan de la angustia vital de los jóvenes. 'El Círculo' también es una historia típicamente americana, la de los chicos que dejan una pequeña población para tratar de alcanzar su sueño en la gran ciudad. En eso es muy de Frank Capra... con un giro de novela de misterio. O la lucha de una chica en un mundo dominado por hombres y por adultos algo malvados. No sé, igual mi película es 'El Diablo viste de Prada' (David Frankel, 2006) con estética Stanley Kubrick".

Tráiler 2

¿Por qué no un todo en uno?

Clip: Mae tiene un plan

En la película se muestra una sociedad en la que una corporación, El Círculo, tiene el monopolio de la información de la red. En un intento de abuso de poder, El Círculo irá más allá e intentará controlar la vida de las personas y limitar su privacidad.

Clip: Mae descubre la verdad

El Círculo, o cuando la distopía en el cine está más cerca de la actualidad que del futurismo.

Días de cine - El Círculo

Ty Gospodinov, el visionario y niño prodigio del Círculo, llevaba unas gafas anodinas y una capucha enorme, sonriente y mirando a la izquierda; parecía estar disfrutando del momento, él solo, sintonizado con una frecuencia lejana. La gente decía que bordeaba el síndrome de Asperger, y la imagen parecía subrayar esa idea. Con su pelo negro y descuidado y su cara sin arrugas no aparentaba más de veinticinco años. Ty diseñó el sistema inicial, el Sistema Operativo Unificado, que combinaba todas las cosas de la red que hasta entonces habían estado separadas y mal hechas: los perfiles de usuarios de medios sociales, sus sistemas de pago, sus distintas contraseñas, sus cuentas de correo electrónico, sus nombres de usuario, sus preferencias y todas y cada una de sus herramientas y manifestaciones de intereses. La vieja forma de hacer las cosas -una transacción nueva y un sistema nuevo para cada página y cada compra- era como coger un coche distinto para hacer cada recado. "Lo normal no es que necesites tener ochenta y siete coches", diría más tarde. Así pues, lo que hizo él fue ponerlo todo, todas las necesidades y herramientas de todos los usuarios, en un solo recipiente, y así es como inventó TruYou: una sola cuenta, una sola identidad, una sola contraseña y un solo sistema de pago por persona. Se acabaron las demás contraseñas y las identidades múltiples. Tus aparatos sabían quién eras, y tu única identidad -el TruYou, el "yo verdadero", imposible de deformar o enmascarar- era la persona que pagaba, se inscribía, respondía, hacía de espectador y reseñaba, veía y era vista. Tenías que usar tu nombre de verdad, que estaba vinculado con tus tarjetas de crédito y tu banco, de manera que pagar siempre resultaba simple. Un solo botón para el resto de tu vida en la red.

Introducing TruYou: presented by the Circle

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