El ultimátum de Bourne
El ultimátum de Bourne

Dirigida por

Paul Greengrass

Año

2007

Etiquetas

2000 | 2010 | Móvil | Privacidad | TIC

Relación con las Telecomunicaciones

Situación: Funcionalmente, un paso más allá de ECHELON (sistema mundial de interceptación de comunicaciones privadas y económicas) y un palmo antes de TEMPORA (servicio de inteligencia de señales, SIGINT).

Situación: Temporalmente, verano de 2007, entre la resolución del Parlamento Europeo de 5 de septiembre de 2001 que denunciaba la existencia de la 'Gran Oreja' y la filtración de Edward Snowden en junio de 2013 que sacaba a la luz la existencia de los Cinco Ojos.

El ultimátum de Bourne: solo es la punta del iceberg.

Noticia, El País, 25-octubre-1998: Echelon, las "orejas" de EE.UU. en Europa.

Por un lado el desarrollo de las telecomunicaciones hace a los ciudadanos más transparentes a los servicios de seguridad, que pueden seguir su rastro gracias a las huellas que van dejando con su teléfono móvil o su ordenador. Por otro, la inadaptación de la legislación, la lentitud de la cooperación internacional y, en el caso de España, los escasos medios a disposición del Estado, dificultan enormemente la obtención de pruebas contra las organizaciones criminales que emplean tecnologías punteras. La puesta en funcionamiento, el 1 de noviembre, de la primera red mundial de telefonía móvil, Iridium, dificultará aún más la labor de policías y jueces. ¿A quién pedir la interceptación de un móvil que se desplaza por el mundo?

Mientras tanto, un informe elaborado por la consultora británica Omega Foundation por encargo del Parlamento Europeo, y ya debatido el pasado mes de septiembre, arroja un poco más de luz sobre Echelon.

Puesto en pie poco después de la Segunda Guerra Mundial por EE.UU., Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, Echelon constituye hoy día "un sistema de vigilancia global que se extiende por todo el mundo" y está "orientado hacia los satélites Intelsat que se utilizan para transmitir la mayor parte de las llamadas telefónicas, comunicaciones por Internet, correo electrónico, fax y télex". Echelon puede captar hasta dos millones de conversaciones al minuto.

A diferencia de otros métodos de espionaje nacidos en los albores de la guerra fría, Echelon no persigue objetivos militares. Su propósito es más bien el seguimiento de gobiernos, organizaciones y empresas, según el informe solicitado por la Eurocámara.

Seis bases a través del mundo recopilan la información. "Interceptan de forma indiscriminada enormes cantidades de comunicaciones" que posteriormente los ordenadores criban mediante la introducción de palabras claves en varios idiomas. Algunos de esos términos son evidentes -"armas" o "droga"-, pero también se incluyen palabras de jerga y buena parte del lenguaje utilizado en la Organización Mundial de Comercio.

El grueso de la información recabada es procesado en Fort Meade, la sede de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), el más secreto de los servicios de espionaje norteamericanos. Con sus 20.000 empleados y su presupuesto de 8.000 millones de dólares (1,12 billones de pesetas), la NSA absorbe un tercio del presupuesto consagrado al espionaje en EE.UU., mucho más que la célebre CIA.

Agosto-2007: Estreno de 'El ultimátum de Bourne'.

A su llegada al aeropuerto de Heathrow, al periodista Simon Ross le falta tiempo para hablar con su editor en 'The Guardian' y adelantarle las íes que trae, alguna con punto y alguna que otra con acento, para su investigación sobre Jason Bourne. Una de ellas es el nombre de un programa del Departamente de Defensa americano que de tan secreto hay que nombrarlo en voz baja. Sin embargo, esta precaución, junto con la inocente "apague la grabadora" con la que la fuente le filtró el nombre tras la ilusa, y como se verá también inútil, protección de haber apagado el móvil durante el encuentro en una concurrida cafetería madrileña, no escapan de las "orejas" de EE.UU. en Europa y dan como resultado la vertiginosa secuencia en la estación londinense de Waterloo: toda una lección de cine que, además, respira con el aliento de lo clásico. ¿Y qué decir de la persecución por las calles, azoteas y balcones de Tánger resuelta en menos de un metro cuadrado, en la intimidad de un sobrio cuarto de baño, no sin antes haber mostrado como un buen libro puede contrarrestrar eficazmente un desaforado ataque con un contundente candelabro?

Y es que Greengrass ha conseguido integrar plenamente su estilo, prolijo en planos cortos, cámara en mano y montaje exacto como un mecanismo de relojería, en la estética de una saga comercial que en esta tercera entrega orquesta un espectáculo de relevancia internacional que nos lleva de Moscú (por cuestión de continuidad, en esta entrega las escenas de Moscú se rodaron en Berlín) a París, pasando por Berlín, Londres, Madrid y Tánger hasta completar el círculo en Nueva York, la ciudad en la que, ahora descubrimos, empezó el caso (2002, Doug Liman), en su día vimos que acabó el mito (2004, Paul Greengrass) y tras dos horas, que aunque en tensión constante pasan en un suspiro expectante, culmina este ultimátum.

Al igual que los guiones de las dos primeras entregas de Bourne, la historia que Tony Gilroy ha escrito se aleja de la trama de las novelas de Robert Ludlum, que transcurren en plena guerra fría y que no atraerían a una generación nacida cuando ya no existía, pero mantiene la idea de la conspiración y de un programa gubernamental descontrolado. Ahora la necesidad de una vigilancia global y de neutralizar cualquier amenaza a la seguridad nacional ocupa un lugar cada vez más importante en la mente de los responsables de la CIA, por eso Blackbriar ha sustituido a Treadstone: al descubrir que algunos agentes han sufrido colapsos, se han cambiado el entrenamiento y las pautas de modificación del comportamiento de los agentes y, sobre todo, ahora el director de operaciones toma las decisiones sin recabar autorizaciones.

Noticia, El País, 7-julio-2013: El espionaje masivo. Bajo la vigilancia de los Cinco Ojos.

Las filtraciones de Snowden son la punta del iceberg de una red global de espionaje de señales liderada por EE.UU., Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda

Los documentos filtrados por el exespía fugitivo Edward Snowden revelan el secreto del que se rodearon Estados Unidos y Gran Bretaña para concederse poderes legales que les autorizaban a espiar todas las comunicaciones personales y comerciales de cualquier sistema mundial de telecomunicaciones que estuviera a su alcance. Que las comunicaciones intervenidas tuvieran o no alguna relación con el terrorismo o la delincuencia era algo desconocido e irrelevante. Todo era susceptible de ser examinado. Sin órdenes judiciales.

La organización multinacional de escuchas UKUSA, creada por varios tratados secretos de posguerra entre Estados Unidos y Gran Bretaña, se llama hoy a sí misma los Cinco Ojos. Las agencias que forman parte de ella compiten por ver quién tiene más penetración en las comunicaciones privadas y comerciales a través de Internet.

Los Cinco Ojos son los servicios de inteligencia de señales (SIGINT) de Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Engloban la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA) y el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno británico (GCHQ). En los documentos se encuentran numerosos comentarios informales que demuestran que la mayor satisfacción, para los agentes de los servicios de inteligencia, es vigilar todo, franquear el mayor número posible de sistemas de privacidad.

Los papeles muestran que los miembros de los Cinco Ojos parecen competir entre sí por ser los más poderosos en su mundo supranacional y secreto. También enseñan que, aunque se aplican con precisión las normas legales cuando intervienen comunicaciones de sus propios ciudadanos, no tienen ese cuidado, en absoluto, cuando se trata de ciudadanos extranjeros.

Según los documentos filtrados por Snowden, desde hace tres años, cualquier dato, correo electrónico, archivo o mensaje de texto que sale de Europa para su tratamiento en Estados Unidos tiene muchas probabilidades de que lo copie y lo analice un sistema de vigilancia británico cuyo nombre en clave es Tempora.

La vigilancia abarca redes de correo electrónico de empresas estadounidenses como Google y Microsoft y el sistema de telefonía por ordenador Skype, además de llamadas telefónicas corrientes que se dirigen a Estados Unidos o cruzan el país debido a la enorme capacidad de tráfico de datos a través del Atlántico norte.

Cada elemento de información enviado a través de los enlaces intervenidos se copia y se retiene durante tres días mientras los ordenadores de los servicios de inteligencia británicos lo examinan y extraen la información sobre los remitentes y los destinatarios. Luego se selecciona el contenido de algunas comunicaciones concretas para guardarlo de manera indefinida.

El resto, la información sobre quién ha llamado a quién o quién se ha conectado con quién, se filtra y se transfiere a otro sistema de almacenamiento informático. Después de clasificarla y filtrarla, la información de Tempora pasa a formar parte de una gigantesca base de datos común sobre quién ha llamado a quién o quién se ha conectado con quién en cualquier momento y desde cualquier lugar.

Puede existir aún cierto grado de protección para una minoría de comunicaciones que circulan por cables submarinos que no llegan a Gran Bretaña, sino directamente de Norteamérica al continente europeo, a las costas de Francia, España y Portugal. No sabemos. Snowden seguramente sí, pero todavía no ha revelado si esos cables, cuando tocan tierra en Estados Unidos y Canadá, también están intervenidos y permiten que se capturen y procesen sus datos allí.

El hecho de que Estados Unidos siempre ha llevado a cabo ese espionaje lo reconoció en marzo de 2000 el exdirector de la CIA James Woolsey cuando respondió al informe del Parlamento Europeo sobre la red Echelon de espionaje de los satélites comerciales de comunicaciones.

El informe sobre Echelon derivó en la presentación de numerosas recomendaciones sobre protección de la privacidad y seguridad comercial en el Parlamento Europeo. Todas se aprobaron el 5 de septiembre de 2001. Seis días después, los terroristas golpearon Nueva York y Washington. Y las recomendaciones quedaron olvidadas, hasta ahora.

Vídeos

(Aeropuerto de Heathrow, Londres, Inglaterra) Hola, soy yo. Sí. Lo sabe todo. Bourne solo es la punta del iceberg. ¿Te suena la operación Blackbriar? ... -[Dentro vídeo]- (Delegación de la CIA, Londres, Inglaterra) Detectado un término clave en ECHELON: 'blackbriar'. Repito: 'blackbriar'. Parece que procede de una señal europea, señor. Código de seguridad nacional. (Agencia Central de Inteligencia, Langley, Virginia) Señor. -[Fuera vídeo]- ¿Qué tiene? Una llamada interceptada en Londres, palabra clave 'blackbriar'. Mándela a Nueva York ahora mismo.

Clip: Blackbriar está en el aire

"De aquellos polvos, estos lodos", reza el refranero popular que aplicado a este ultimátum quedaría "De aquel 'blackbriar' dicho por el móvil al bajar del avión en Heathrow, estos encuentros en la tercera fase".

Clip: Con Ross en Waterloo

Joan Marimón, guionista y analista de montaje: "La Saga de Bourne se caracteriza por brillantes secuencias de acción. Densas y rápidas pero con la idea didáctica de saber siempre dónde estamos y quién persigue a quién. Esto es esencial en los filmes de la Saga Bourne. Por ejemplo, la carrera del protagonista saltando de balcón en balcón para salvar a la chica del malvado Desh (con ese travelling acompañando uno de los saltos, que se ha conformado como uno de los planos leitmotiv de la saga) en 'El ultimátum de Bourne'. Sabemos que la chica está en peligro, más o menos tenemos idea de la distancia del malvado a la chica, sabemos que Bourne se dispone a salvarla, vemos a través de la mirada de Bourne al malvado y a la chica. Cada salto de Bourne está perfectamente diseccionado en los planos apropiados para que el espectador no se pierda en las direcciones. Y el montaje es de estilo soviético de los años veinte, vertiginoso pero no hasta el punto de no ser didáctico".

Clip: Bourne y Desh

"En casa del herrero, cuchara de palo", reza el refranero popular pero estamos en 2007 y aún rige la máxima "si no estás conmigo, eres mi enemigo", de modo que si alguien de la CIA se piensa que no va a ser escuchado en sus conversaciones, en su propia oficina, está muy equivocado. Quizá, de ahí, el consejo final de Bourne a Landi.

Clip: Pareces cansada

Blackbriar es el sucesor de Treadstone. La finalidad de este programa secreto estriba en poder realizar operaciones de la misma índole que Treadstone pero sin "papeleo", sin que el operativo quede en cuadro por una autorización que no llega en el último instante; es decir, Blackbrair cuenta con libertad y autonomía totales para llevar a cabo sus operaciones, las órdenes judiciales quedan para las películas. Claro está, Jason Bourne sigue siendo un impedimento, un "cabo suelto" en el desarrollo de este programa y, de nuevo, ya hay quien está tomando las medidas necesarias para dejar zanjado el error de Treadstone.

Clip: Lo dudo mucho

Paul Greengrass: "Es 'cámara en mano', un estilo de reportaje, el cual es bastante rápido e impactante y requiere un alto nivel de destreza y concentración porque tienes que lograr el ritmo exacto. La gente piensa que filmar de esa manera es tan simple como tomar lo que aparece en cámara pero no es así ni por asomo. El truco es filmar con la mayor especificidad, con el mayor detalle. Debemos filmar detalles en cada toma". Matt Damon: "En las películas de Bourne siempre tratamos de ir a los lugares reales para que así la audiencia vea esa parte del mundo como realmente es. Ha funcionado muy bien porque tienes la sensación de que ahí es donde este personaje estaría, viviría y desaparecería. Se hace difícil lograr las tomas que necesitamos porque solo podemos controlar una parte del entorno en el que estamos. Si lo hicéramos en cualquier otro lugar la gente sabría que estamos mintiendo. Lucirán muy bien en la película. Y las tomas serán indudablemente reales. Como resultado, filmamos en todas partes, desde Berlín hasta Madrid".

El ultimátum desde el otro lado

Tras lo de Waterloo, siguiendo la pista de Neal Daniels, Bourne llega a Madrid y se dirige a la oficina de Daniels, donde Bourne se enfrenta a agentes del CRI y se encuentra de nuevo con Nicky, en la calle Virgen de los Peligros. La conversación manos libres y la llamada al 112, desde un terminal DOMO blanco.

Clip: Parecen americanos

La reunión a grabadora apagada entre el periodista Simon Ross y Neal Daniels se rodó en la plaza de Santa Cruz. Cuando Bourne llega a Madrid, es la estación de Atocha. La escena en que Bourne le pide a Nicky que le hable de su pasado transcurre en un área de servicio en una autovía a la salida de Madrid. Otros lugares fueron el Paseo de la Castellana, el viaducto de la calle Bailén o la calle Miguel Ángel.

Extras: Rodaje en Madrid

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