En tierra hostil
En tierra hostil

Dirigida por

Kathryn Bigelow

Año

2008

Etiquetas

2000 | Móvil

Relación con las Telecomunicaciones

Situación: El teléfono móvil como detonador, un medio de incomunicación.

Situación: El teléfono satelital como delator, un medio de comunicación con muy mala prensa.

En tierra hostil: que trabajemos juntos supone que yo te hablo a ti y tú me hablas a mí.

"La adrenalina de la batalla es a menudo una adicción potente y letal, porque la guerra es una droga", letras blancas sobre fondo negro, es la cita del libro "War is a force that gives us meaning (2002) ("La guerra es una fuerza que nos da sentido") escrito por el corresponsal de guerra Chris Hedges, que da paso al robot que se dirige hacia un posible IED (Improvised Explosive Device), uno de los muchos artefactos explosivos improvisados que brotan como setas venenosas en el Bagdad cotidiano de 2004. La compañía Bravo está encargada de desactivarlos y con la incorporación del sargento James la introductoria cita pasa a ser premonitoria.

El filme está basado en unos relatos de Mark Boal, un periodista independiente 'embebido' en un escuadrón de especialistas en desactivación de artefactos explosivos durante la guerra de Irak. Los soldados salían de servicio de 10 a 15 veces al día y Boal iba 'pegado' a ellos. Luego, combinó sus experiencias en un relato ficticio basándose en eventos reales, lo cual no conlleva que todo lo que se ve y ocurre en la película sea, o tenga que ser, veraz o ajustarse a los procedimientos de actuación sobre el terreno de los especialistas.

La película es una ficción cuya fijación es mostrar una perspectiva vital muy corta que sólo llega, con suerte, al día siguiente y en la que hacer planes más allá es estúpido, tanto como intentar volver a una vida "normal", en la que la mayor trascendencia de tu elección es acertar con la marca de cereales correcta en el supermercado... algo que puede ser más frustrante que encontrar en segundos un detonador que, incluso, puede haber sido escondido en el interior de un cuerpo humano al que se le acaba de arrebatar la vida para que haga de cebo. A partir de ahí el espectador es libre de utilizar lo que en ella se expone para reforzar su propia opinión: puede ser la demostración última de lo inútil de una guerra en la que hace tiempo que desapareció cualquier noción de frente o conciencia clara de por qué se lucha, puede ser la reivindicación de unos hombres siempre al filo de cometer un error que suponga una carnicería o puede ser cualquier otra teoría.

La directora sumerge al espectador en cada secuencia recreando una tensión que muestra un excepcional pulso narrativo y cinematográfico, ofreciendo un dominio del medio que sirve como vehículo de transmisión de emociones a través de un montaje furioso, rápido y directo que elude el panfleto a través de una dosificada conexión entre drama y acción que consigue la inmersión del espectador en una tragedia palpable de principio a fin, remedo contemporáneo del wéstern de antaño, que si bien incita a una taquicardia constante también invita a una inquietante reflexión posterior a su visionado.

En la introducción de la canción ¡Abajo el Alzheimer!, 'Cábalas y cicatrices' (2002), Javier Krahe expone claramente su postura al respecto: "Yo personalmente estoy en contra. Que sé que hay gente que no. Que dice 'que bueno', 'que si esto'. Pero yo estoy en contra. Mi manera de ponerme en contra es, pues nada, ponerme a recordar como loco". No es que Krahe forme parte de la banda sonora de la película pero su manera de encarar la situación ante tamaño enemigo puede explicar la actitud del protagonista, el sargento de primera clase William James, tildado por todos de suicida o de adicto al riesgo. Sí, puede que James sea de la opinión "¡Arriba la vida!" y que sabedor de que sistemáticamente se nos acostumbra a negar lo que buscamos, aparente buscar la muerte precisamente para que no le sea concedida.

Una de las escenas que más llama la atención es cuando el sargento James, apoyado contra un poste, icono de la comunicación a distancia, despliega el teléfono satelital, llama a casa y no dice nada. Puede que sea una concesión poética, por aquello de 'a veces hasta sobran las palabras cuando se trata de hablar de amor' o 'si lo que vas a decir no es más bello que el silencio' pero, puestos a hurgar, y teniendo en cuenta que la acción transcurre en 2004 y que la producción de la película es de 2008, también puede ser porque James sabe que las llamadas satelitales están intervenidas y mejor no tentar la suerte: si una llamada perdida de móvil lo ha traído a escena, no quiere que una llamada satelital lo saque de ella.

Al otro lado de la pantalla.

Poco después de los ataques del 11 de Septiembre de 2001, la sargento del ejército estadouniense Adrienne Kinne fue trasladada junto a un grupo de reservistas a la base militar de Fort Gordon en Georgia, en una misión que suponía la intercepción de comunicaciones telefónicas satelitales en Irak y Afganistán. Según Kinne, en un principio se trataba de repasar miles y miles de comunicaciones para identificar a los propietarios de ciertos números de teléfono y así buscar información de inteligencia que pudiera estar relacionada con operaciones en Afganistán y, más tarde, en Irak.

Adrienne Kinne estuvo trabajando en esta operación desde diciembre de 2001 hasta agosto de 2003. A medida que el equipo de inteligencia de Kinne empezó a identificar los números de teléfono y a quién pertenecían, la sargento pudo confirmar que muchos de estos números no pertenecían a organizaciones vinculadas con actividades terroristas o militares sino a organizaciones de ayuda humanitaria y también a periodistas. En una entrevista concedida a Democracy Now! el 13 de mayo de 2008, la ahora ex sargento del ejército Adrienne Kinne reveló que durante su servicio vio documentos secretos del ejército estadounidense que catalogaban al Hotel Palestina como un posible objetivo.

El 8 de abril de 2003 fue un día negro para la libertad de expresión en Bagdad. Alrededor del mediodía, el reportero español de Telecinco José Couso fue alcanzado por los disparos de un tanque estadounidense cuando se encontraba haciendo tomas desde un cuarto del Hotel Palestina en Bagdad. Murió minutos después en el hospital. En el mismo ataque, el periodista ucraniano Taras Protsyuk, de la agencia Reuters, fue fulminado y otros tres periodistas resultaron heridos. Por la mañana, al despuntar el día, dos misiles aéreos estadounidenses fueron lanzados contra las oficinas de la cadena de televisión Al Jazeera en la capital iraquí. El reportero palestino Tareq Ayyoub murió y Zouhair al-Iraqi, un cámara iraquí, resultó herido. Aquel martes de 2003 las oficinas del canal satelital Abu Dhabi, de los Emiratos Arabes, también fueron sacudidas por un ataque aéreo estadounidense. En el transcurso del día, todas las señales de televisión en directo no estadounidenses de Bagdad fueron apagadas.

El CPJ (Committee to Protect Journalists) en su Manual de Seguridad para Periodistas hace las siguientes recomendaciones en lo referente a Tecnología Satelital en Entornos Hostiles:
  • Evitar el uso de un teléfono satelital (o cualquier dispositivo de radiofrecuencia) desde el mismo lugar más de una vez.
  • Evitar usar un teléfono satelital o cualquier dispositivo similar desde una ubicación que no pueda evacuarse fácilmente en caso de ataque.
  • Mantener una duración máxima de 10 minutos para cualquier transmisión. (Algunos expertos advierten que inclusive esto podría resultar muy largo, puesto que el rastreo instantáneo es, por lo menos, posible.)
  • Apagar el equipo y quitarle la batería en cuanto se termina la transmisión y antes de viajar.
  • Evitar que muchas partes transmitan desde el mismo lugar.
  • Las transmisiones satelitales, aún estando encriptadas, no son totalmente seguras tampoco.

Vídeos

Un móvil en la mano es un arma letal: ¡Suelte el móvil! ¡Dispárale, Eldrige! ¡No logro apuntarle!. Y en cuanto al teléfono satelital, a veces hasta sobran las palabras.

Tráiler

No hay perspectiva cinematográfica más demoledora de la guerra que la de a ras de suelo, alejada de las grandes visiones que tienen en cuenta la geopolítica o los intereses nacionales. Cuando la cámara sigue como uno más a los que combaten en ella día tras día, el resultado es invariablemente desolador. Y la película empieza con la cámara a ras de suelo.

Ante un posible IED, Remotec ANDROS

Los soldados que se juegan la vida desactivando bombas sobre el terreno apenas tienen más perspectiva que la de sobrevivir un día más hasta poder completar el período de servicio y regresar a casa; he ahí ese martilleante descontador de días que va apareciendo sobreimpreso en cada nueva escena. Y la apuesta sube cada día, a cada momento acecha un escalón más en la atrocidad, en el enfrentamiento con una realidad terrible en la que todo lo que a uno le rodea parece conspirar para matarle, a ser posible de la forma más horrorosa concebible. Las comunicaciones y las buenas intenciones poco pueden hacer contra el reloj.

Demasiados candados para tan solo dos minutos

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