Tarde de perros
Tarde de perros

Dirigida por

Sidney Lumet

Año

1975

Etiquetas

1970 | Televisión

Relación con las Telecomunicaciones

Situación: La televisión de EE.UU. de los años setenta, un negocio comprometido con la realidad.

Situación: Nueva York era el mercado televisivo más grande de EE.UU., durante la mayor parte de los setenta un espectador podía escoger entre siete canales de televisión y no todos emitían programación propia.

Tarde de perros: quiero contarte cómo la TV en directo cambia el sentido de las cosas.

¡El público se interesa por ti, Sonny!
Sí, somos un buen espectáculo, ¿verdad?

El robo debía haber durado 10 minutos. 4 horas más tarde, el banco era una pista de circo. 8 horas más tarde, era el foco de atención de la televisión en directo. 12 horas más tarde, ya era historia. Y ocurrió.

John Wojtowicz.

Wojtowicz era un romántico. Dice que por eso fue que intentó robar un banco, para financiar la operación de cambio de sexo de su amante Ernie Aron.

El 22 de agosto de 1972, John Wojtowicz y dos cómplices, Salvatore Naturale y Bobby Westenberg, entraron con escopetas en una sucursal de Brooklyn del Chase Manhattan Bank.

Nada más empezar el atraco, Westenberg dijo que no se atrevía y se marchó. La caja fuerte resultó estar medio vacía y uno de los trabajadores tuvo tiempo para hacer saltar la alarma.

Pronto, el edificio estaba rodeado y ocho de los empleados quedaron como rehenes. La policía se estableció en una barbería al otro lado de la calle y empezaron las negociaciones.

Una concurrida audiencia de unas 2.000 personas se agolpó al calor veraniego, junto a los agentes del FBI, servicios de emergencia, francotiradores en los techos y camiones de televisión.

Lo que se suponía que tenía que haber sido entrar discretamente y salir disimuladamente con unos cuantos fajos de billetes se convirtió en un secuestro con rehenes de cerca de 14 horas. El suceso, que atrajo la atención de los medios de comunicación de todo Estados Unidos, fue uno de los eventos televisivos del año debido a la cobertura en vivo y en directo de diversas cadenas de televisión del país.

Wojtowicz desempeñó su papel con cierto estilo. Pidió comida para los rehenes y pagó al joven que les llevó las pizzas con fajos de billetes. Luego lanzó billetes hacia los curiosos.

De este modo, Wojtowicz se convirtió en un tipo popular y su historia alimentó los periódicos durante meses, hasta que el 23 de abril de 1973 fue condenado a 20 años de cárcel en la penitenciaria federal de Lewisburg y el mundo se olvidó de él.

Este veterano de Vietnam, bisexual declarado, es un hito (desconocido) de la historia del cine porque su historia inspiró una de las películas más legendarias de aquella década: Tarde de perros, de Sidney Lumet, donde Al Pacino le interpretaba.

El dinero que obtuvo por la película se lo dio a Aron, que finalmente se realizó la operación y se convirtió en Liz Eden. Wojtowicz estaba muy orgulloso.

Wojtowicz nunca se reunió con Lumet, Pacino o Frank Pierson, el guionista.

Sidney Lumet.

Abril, 2011. Con la muerte del director Sidney Lumet a los 86 años de edad, la cinematografía ha perdido a uno de sus últimos grandes narradores de historias sociales.

Sidney Lumet nació en Filadelfia en junio de 1924, pero muy pronto se estableció con su familia en Nueva York. Su padre era actor y su madre bailarina y él mismo intervino siendo niño en más de una decena de representaciones teatrales. Era uno de los mejores actores infantiles de Broadway. Antes de su incorporación a filas participó en catorce obras. También trabajó en la radio, donde pagaban muy bien.

Durante la II Guerra Mundial, de 1939 a 1942, prestó servicios en el mantenimiento de radares en la India y Burma. Este período de tiempo no solo interrumpió su carrera como actor sino que marcó su trayectoria vital. Estando parado en un tren en la India, vio como otro soldado agarraba a una adolescente del andén y la subía dentro para iniciar una violación en grupo. Rechazó participar, pero se preguntó: "¿Debería parar esto?". Su filmografía posterior se presenta casi como un intento de redención por su decisión final.

Entre 1942 y 1946 estuvo en el Actor's Studio y acabó formando su propio grupo de teatro.

En 1947 sustituyó a Marlon Brando como protagonista en 'A flag is born', un espectáculo de Ben Hetch con música de Kurt Weil y puesta en escena de Luther Adler. Ese mismo año fundó en Nueva York una de las primeras escuelas-estudio Off-Broadway (los locales del off-Broadway suelen ser teatros con un aforo entre 100 y 500 personas y que realizan producciones de bajo coste, no comparables con las producciones realizadas en el circuito principal) en abierto desafío al método de Strasberg-Kazan en el Actor's Studio.

En 1950 dejó el teatro como actor y entró en TV como realizador, contratado por la cadena CBS, donde hizo obras de Tenessee Williams, Arthur Miller, etc. De 1953 a 1957, en plena edad de oro de la televisión en directo, Lumet aprovechó el medio para reflejar de modo realista los problemas cotidianos. Durante su época televisiva realizó más de 250 telefilmes dramáticos.

Lumet había sobrevivido a todos sus compañeros de generación. Fallecidos, en este orden, Franklin J. Schaffner, Martin Ritt, John Frankenheimer, Delbert Mann y Arthur Penn, quedaba como recuerdo activo de un grupo de cineastas que se formaron en los espacios dramáticos de la gran televisión de los años 50 en EE.UU. Pasaron después a la industria del cine enarbolando una idea de independencia, sobre todo en el plano ideológico.

Sidney Lumet reconoce que le gustaba ensayar y rodar rápido porque así lo hacía cuando trabajaba en la televisión, en la que muchos de los programas se emitían en directo.

A Sidney Lumet le encantaban también los dramas judiciales y las películas policíacas porque para él representaban, mejor que ningún otro género, las contradicciones de América. A lo largo de su vida obtuvo cinco candidaturas a los Oscar, y en 2005 se le concedió uno honorífico por su enorme contribución al cine.

Lumet gustaba retratar en sus películas a personajes rebeldes y radicales, "que no es lo mismo que fundamentalistas", aclaraba en el documental 'By Sidney Lumet' (2016, Nancy Buirski) emitido por el canal TCM con motivo del quinto aniversario de su fallecimiento. "Luchar por tu individualidad es la esencia de una vida digna. Me encantan los personajes rebeldes porque no aceptan el statu quo. Es el fundamento del progreso humano".

Lumet fue, en esencia, el director de los dilemas morales, un hombre que movía al espectador a hacerse grandes preguntas éticas. "Siempre hay una pregunta subyacente", dice el director en el documental: "¿Es justo?".

La televisión de EE.UU., años setenta, un negocio comprometido con la realidad.

Los sesenta habían sido años apasionantes, una amalgama de elementos viejos y nuevos, una década caracterizada por la mezcla de opuestos y el afán renovador mostrado por numerosas subculturas. Pero los setenta fueron una década en la que confluyeron vertientes distintas. De repente EE.UU. sufría por primera vez en su historia escasez de combustible, la inflación estaba disparada, un presidente electo debía dimitir, era condenado y posteriormente amnistiado por otro presidente accidental y las ciudades ardían porque la brecha racial seguía presente. Un mundo complicado, sin duda. Y ahí estaba la televisión. Ese medio que calladamente se había hecho con el control de los hogares y las mentes de los norteamericanos, ese medio que había descubierto el espectáculo y que podía llegar a sacrificarlo todo por él.

Ya hacía tiempo que la televisión se había comprometido con la realidad. Vietnam había sido uno de los puntos de inflexión. Los reporteros y los cámaras de televisión campaban libremente por un país en guerra y lo que enseñaban cada día en el informativo de la tarde ayudó a conformar una opinión contraria a una guerra librada en tierra de nadie.

En los sesenta las televisiones se dieron cuenta de que debían atraer a los más jóvenes de la casa si querían explotar adecuadamente su negocio, por lo que viejas estrellas de la televisión como Red Skelton y Ed Sullivan fueron desapareciendo paulatinamente de las parrillas. El número de canales también era limitado. Nueva York era el mercado televisivo más grande de EE.UU., y durante la mayor parte de los setenta un espectador podía escoger entre siete canales de televisión, y no todos emitían programación propia. Las emisoras independientes rellenaban su programación con deportes, reemisiones de programas de las "networks", dibujos animados y películas de catálogo.

Pero la televisión era un referente nacional, casi podríamos decir que un elemento estructurador e integrador de la sociedad. La televisión era algo esencial. Lo que ocurría en la televisión era una cuestión a debatir. La guerra tenía sintonía y logo, las debates electorales se producían en televisión y los precios de la publicidad en el medio crecían.

En un gesto insólito el presidente Richard Nixon se pronunció sobre uno de los episodios de 'Todo en familia' (CBS, 1971-1979). El episodio se titulaba "Judging books by their covers", fue emitido el 9 de febrero de 1971 y en él un amigo de Archie Bunker, el protagonista de la serie, le contaba que era gay. El amigo era un antiguo jugador de fútbol americano y para Archie todo un ejemplo de "masculinidad". Nixon, en uno de sus arranques moralistas, comentó que el capítulo glorificaba la homosexualidad. Lo cierto es que Archie era un proletario enfrentado a una sociedad en constante cambio y la forma de manejar la comedia con solvencia era exagerar esos problemas que un miembro de la clase trabajadora, habitante de la ciudad y con una sensación extraña de desclasamiento, estaba experimentando en sus propias carnes. La serie, con su mezcla de descaro y cariño, lideró los índices Nielsen durante cinco años.

A finales de 1975 las grandes cadenas, acusadas e investigadas por el Congreso por fomentar la violencia y la indecencia pública, establecieron la franja familiar de siete a nueve de la noche como una forma de autoprotección. Los creadores reaccionaron e impugnaron dicha franja amparándose en la Primera Enmienda, que garantiza la libertad de expresión. Ganaron en un juzgado de Los Ángeles. Pero el daño estaba hecho y muchos productos quedaron sometidos al escrutinio público por sus contenidos transgresores. La sobredosis de realidad también generó reacciones contrarias, la vuelta hacia una Norteamérica más inocente como la retratada en 'La casa de la pradera' (NBC, 1974-1983).

La propia realidad ya daba altas dosis de violencia. La importancia de la televisión como medio de comunicación se puede constatar en el apartado de sucesos. Algunos de los asesinos en serie más importantes de los setenta no se entienden sin la fascinación que llegó a ejercer sobre ellos la posibilidad de controlar, hasta cierto punto, su autorrepresentación. Es el caso del conocido como Zodiac. Los medios amplificaban la amenaza que suponían estos personajes. La audiencia lo justificaba.

Los setenta fueron buenos tiempos para la televisión.

Y en ésas, 'Tarde de perros'.

Vídeos

El robo a un banco es una situación que se puede contar con infinitas variantes. En este contexto, en el cine se encuentran las historias más emocionantes de perseguidos y perseguidores, de sofisticados sistemas de alarma y refinadas estratagemas. Pero también está el mundo real, con una sucursal normal, un día moliente y gente corriente. (Apunte: en el interior del banco se desarrolla una enervante obra de cámara en la que cada uno de los personajes se esfuerza en encontrar una salida).

Un plan sencillo

El soplo sobre el dinero de los salarios ha resultado ser un pufo: en caja apenas si hay 1000 dólares. Sonny intenta salvar la situación frenética pero profesionalmente: inutiliza la cámara de vigilancia, rebaña estratégicamente el dinero de las ventanillas, tranquiliza al personal y está ultimando la resolución del problema de ir al lavabo. Pronto lo habrán conseguido. Y en ésas, suena un timbre. (Apunte: en el exterior, en el calor de la calle, el drama del interior sigue un desarrollo documental).

¡Teléfono! ¿Teléfono?

Sonny, exasperado por el cerco policial, logra la adhesión de los curiosos al instarlos a corear con él el nombre del penal que en 1971 se convirtió en un símbolo doloroso de los excesos de la represión policial. Al Pacino comentó que el grito no estaba en el guión, fue una improvisación en el momento del rodaje a raíz de una idea propuesta por el asistente de dirección Burtt Harris.

¡Attica! ¡Attica!

La ciudad se preparaba para la siesta pero en cuestión de minutos la opinión pública se ha convertido en un monstruo, tan curioso como despiadado. Apenas la policía ha hecho acto de presencia, los curiosos se han amontonado en las zonas acordonadas, los helicópteros de las cadenas de TV sobrevuelan la calle principal y los equipos de cámaras pelean por las mejores perspectivas. El banal incidente realizado por unos aficionados se ha convertido en un acontecimiento mediático... en vivo y en directo. Sonny capta la situación y subvierte descaradamente los papeles: es él quien 'acorrala' al entrevistador televisivo. El resultado no se hace esperar: permanezcan atentos a sus pantallas.

En el aire

Que la policía quiera pillar desprevenido a Sonny forzando la entrada posterior, tiene su retranca. Que la dispersión tras el disparo sea tan caótica, resulta jocoso y distiende. El transistor sobre el capó del coche de policía, instruye y da un toque de realidad. El eco popular a las llamadas de Moretti a Sonny por el megáfono, a modo de coro griego, resulta hilarante y presagia drama. Que todo el mundo esté parapetado tras el coche que hay enfrente del banco ambienta y tensiona el ánimo. Que haya cámaras de televisión agazapados, pero 'filmando', a ambos lados del vehículo que hace de parapeto es, sencillamente, delirante.

Están en la parte de atrás

La situación parecía tener ventajas para Sonny. Negociando con Moretti en la calle, las masas lo han acogido con simpatía: para ellos representa el humillado hombre de la calle que se rebela contra el sistema. Pero el júbilo popular da un paso atrás rápidamente al saberse que Sonny necesita el dinero para costearle la operación de cambio de sexo a su amante. Que quisiera robar un banco lo había convertido en héroe, que ame a un hombre lo hace caer en desgracia. La TV es fuente de información, pero no siempre está bien documentada.

No soy homosexual

El espectáculo de Sonny no puede durar eternamente. El FBI lleva rato siguiendo con disgusto la caótica situación. Cuando llega el vehículo que los ha de llevar al aeropuerto, ladrones y rehenes aún creen posible un final feliz. Pero más allá de las cámaras de televisión y de los curiosos los agentes actúan quirúrgicamente. La última mirada de Sonny da para un diálogo imaginado. Sonny: ¿Porqué yo?. Destino: Por que has salido en televisión. Sidney: ¿Es justo?

¿Porqué yo no?

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