Teléfono rojo, volamos hacia Moscú
Teléfono rojo, volamos hacia Moscú

Dirigida por

Stanley Kubrick

Año

1964

Etiquetas

1960 | Teléfono

Relación con las Telecomunicaciones

Situación: El Teléfono Rojo nació el 20 de junio de 1963. La película estaba prevista ser presentada a los medios el 22 de noviembre de 1963 pero el asesinato de JFK impuso un obvio retraso en esta oportuna e icónica puesta en escena del uso del teléfono en las decisiones estratégicas.

¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú: o cómo aprendí a despreocuparme e incluso llegué a amar la bomba

Tras el escándalo que supuso 'Lolita' (1962) Stanley Kubrick se dispuso a afrontar la que sería su siguiente película, basada en la novela 'Alerta roja' de Peter George, que especula sobre la amenaza nuclear en tiempos de la Guerra Fría. Los años 60 acababan de empezar y la crisis de los misiles cubanos tuvo a la sociedad americana pendiente de lo que ocurría mientras que la Guerra de Vietnam pronto formaría parte de dicha sociedad. Así pues el temor a una guerra nuclear era algo palpable en los EE.UU. y empezaron a proliferar los refugios atómicos. Eran tiempos de miedo e incertidumbre, y cómo no, el cine se hacía eco de ello.

En 1964, año de producción de la película, Sidney Lumet preparaba 'Punto límite', basada en la novela de Eugene Burdick y Harvey Wheeler, en la que precisamente también colaboró en el guión Peter George, quien ayudó a Kubrick y Terry Southern a escribir el guión de '¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú'. Como ambas novelas tenían elementos en común, Kubrick inició un demanda de plagio temeroso no solo de que le copiaran ideas sino de que le mermera la recaudación en taquilla. Al final la cosa quedó en nada y Columbia, la distribuidora de ambas películas, espació los estrenos con varios meses de diferencia para no enfrentarlas.

'Alerta Roja' representa una de esas obras que, a nivel comercial, murieron prácticamente a los pocos años de su aparición en el mercado. Es sabido que Stanley Kubrick siempre prefirió obras que no hubieran tenido demasiado recorrido en las librerías. Evidentemente, la circunstancia de que Kubrick escogiera una u otra novela y la adaptara para la gran pantalla elevó las ventas de obras como 'Atraco perfecto' de Lionel White, 'El centinela' de Arthur C. Clarke, 'La naranja mecánica' de Anthony Burgess o 'Un chaleco de acero' de Gustav Hasford. Pero 'Alerta roja' es la excepción a la regla. Tras leerla un par de veces, Kubrick supo que tenía una película en ciernes. En realidad, la base de comedia está contenida en el libro de Peter George, incluida esa alusión a la propiedad privada al referirse a una máquina de la coca-cola, pero Kubrick, en comunión con Terry Southern, potenció esa vena hilarante que visualiza el enfrentamiento entre las dos superpotencias de la época (los Estados Unidos y la Unión Soviética), a imagen y semejanza de una riña propia de un patio de colegio.

El cine, la prensa y la televisión han popularizado la expresión "Teléfono Rojo" para referirse al sistema de comunicación que une la Casa Blanca con el Kremlin. Como muestra de esta popularidad, la expresión lideraba el título que se le dio en España a la película de Stanley Kubrick, así el descriptivo y enigmático título original 'Dr. Strangelove or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb' se convirtió en el conciso y concreto '¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú'. Y si bien, en la ficción del film, los aviones volaban hacia territorio ruso, su objetivo no era Moscú. Y, en la realidad, aunque siempre se hace mención a un teléfono, originalmente fue un teletipo.

El Teléfono Rojo nació el 20 de junio de 1963 con la firma de un acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Soviética en Ginebra (Suiza), después de la crisis de los misiles de Cuba (1962), cuando la tensión entre las dos potencias casi provoca una guerra nuclear y se tardaron 12 horas para que Estados Unidos recibiese un mensaje con el acuerdo de la Unión Soviética. En una situación así, doce horas era un tiempo de espera excesivamente peligroso que había que reducir de cara a posibles futuros conflictos.

Para que las traducciones simultáneas no supusieran pérdida de información, por ejemplo, en los matices de la entonación de una frase o la pérdida de contexto, se estableció que la primera fase fuera una comunicación escrita mediante télex o teletipo en la que cada emisor usaría su lengua materna en el mensaje y se traduciría al otro extremo de la comunicación. Con esta idea se tendió una línea dúplex de comunicación por cable que seguía la ruta Washington DC - Londres - Copenhague - Estocolmo - Helsinki - Moscú y que tenía como alternativa un enlace radio Washington DC - Tánger - Moscú. Las comunicaciones iban cifradas.

La línea se bautizó con el nombre de 'Moscow-Washington hotline' (Línea directa Moscú-Washington), aunque los estadounidenses prefirieron llamarla 'Washington-Moscow Direct Communications Link' (Enlace directo de comunicaciones Washington-Moscú). Si bien los mensajes que salían, o se recibían, en la capital rusa sí que llegaban directamente al Kremlin, los norteamericanos prefirieron que su teletipo estuviese instalado en El Pentágono, la sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, y no en la Casa Blanca.

El primer mensaje enviado se realizó desde Washington a Moscú el 30 de agosto de 1963 y el texto, a modo de prueba, fue: "The quick brown fox jumps over the lazy dog 1234567890" (el veloz zorro pardo salta sobre el perro holgazán 1234567890), un pangrama inglés muy popular entre linotipistas y tipógrafos para comprobar todos los caracteres disponibles de una fuente y del que existe constancia de su primer uso, para realizar prácticas con la máquina de escribir, en 1885.

En septiembre de 1971 se realizó una actualización tecnológica del sistema y se protocolizó su uso: informar de cualquier situación planificada o accidental que involucrase armas nucleares o aumentase el riesgo de de una guerra nuclear. En esa época fue cuando se dotó al sistema de un teléfono, dándole sentido finalmente al apelativo de 'Teléfono Rojo', y se eliminó el enlace radio para sustituirlo por dos enlaces por satélite (uno usando el sistema Intelsat estadounidense y otro usando los satélites Mólniya ("relámpago") II soviéticos). En 1986, el sistema se volvió a actualizar y se sustituyeron los enlaces con los satélites Molniya II soviéticos por enlaces con el sistema STATSIONAR ofrecido por los satélites Gorizont ("horizonte") soviéticos y, además, se añadieron líneas de fax al sistema para el envío de documentos. No fue hasta 1991 cuando realmente se utilizó un teléfono físico, para comunicar directamente al presidente George Bush (padre) con Mijaíl Gorbachov, de vital importancia en el final de la Guerra Fría, la disolución de la URSS y, de manera notable, durante la Guerra del Golfo.

Los momentos de mayor tensión y conflicto internacional en los que se ha utilizado el teléfono directo entre Washington y Moscú han sido: asesinato del Presidente Kennedy (1963), Guerra de los Seis Días entre Egipto e Israel (1967), guerra entre la India y Pakistán (1971), Guerra de Yom Kipur (1973), invasión turca de Chipre (1974), invasión rusa de Afganistán (1979), amenaza de invasión rusa de Polonia (1981), invasión israelí del Líbano (1982), Guerra del Golfo (1991), atentados del 11S (2001) y Guerra de Irak (2003).

El Teléfono Rojo puede que sea una reliquia de la Guerra Fría pero se sigue usando entre India y Paquistán (que mantienen su propia línea directa de comunicación) o, desde 2008, entre Estados Unidos y China. Pero que nadie espere encontrar un teléfono de color rojo en el despacho del Presidente Obama pues todo está ya integrado en una centralita

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¿Teléfono rojo? es una delirante, deliciosa e hilarante farsa a costa de la Guerra Fría que narra los esfuerzos de los dirigentes norteamericanos y soviéticos para detener unos aviones que se encaminan a territorio ruso, enviados por un enloquecido general americano con la orden de descargar sus petardos atómicos. Kubrick fue un perfeccionista de la puesta en escena y la comedia tiene un tono cómico, muy estilizado, satisfactorio y, por momentos, documental. El actor Peter Sellers triangula su actuación haciendo de un tímido pero solvente militar inglés, un sosegado Presidente de Estados Unidos y el extravagante doctor Strangelove, personaje éste que además de ser parte principal del título original de la película, tiene como tic característico que el brazo derecho se le dispara delatoramente haciendo el saludo nazi y está tan fascinado con la destrucción y la muerte, de ahí su insólito nombre de "amor extraño", que el inevitable desenlace del ataque nuclear le revitaliza y le hace levantar de la silla de ruedas invocando "¡Mein Führer, puedo andar!" tras haber dado un par de pasos. Previamente, este significativo personaje ha dejado ir la frase que explica la escalada armamentística nuclear de la época: "La disuasión es el arte de producir en la mente del enemigo el miedo a atacar".

¿Teléfono rojo?, un tráiler con dos bombas

Por su parte, el general Jack D. Ripper (Jack el Destripador) define perfectamente la imagen que el estamento militar tiene del poder político: "La guerra es demasiado importante para dejarla en manos de los generales. Cuando Clemenceau dijo eso hace cincuenta años pudo tener razón, pero hoy día es demasiado importante para dejársela a los políticos. No tienen ni tiempo, ni conocimientos, ni aptitudes para dedicarse a la estrategia". Luego, su fijación con la cuestión de los fluidos corporales añade una duda razonable a su credibilidad, comprometida también por el temor que este loco general tiene a la fluorización del agua, teoría de la conspiración que se difundió realmente entre algunos sectores de la población estadounidense. El general cree que este complot comunista le ha provocado su impotencia, teoría que Kubrick representa con la metáfora del fálico puro que fuma en todo momento y el ángulo de cámara utilizado en el plano de la exposición de sus motivos.

Los motivos de Jack Destripador

Si llegado el caso se hiciera uso del teléfono rojo para contactar con el Kremlin, ¿en qué términos transcurriría la conversación en esos, según todos los manuales de superación personal y autoayuda, decisivos primeros segundos?.

Hola, Dimitri...

El general Mandrake, de la RAF británica, marca el punto de cordura como antítesis de Ripper e intentará convencerle para que le diga el código para hacer regresar a los aviones. Cuando las circunstancias hacen imposible la obtención del código de primera voz o mano, Mandrake lo descifra aplicando su intuición e intenta hacérselo llegar al Presidente desde la cabina de la sala de descanso (el único teléfono que funciona en la base, quizá porque estando la base en alerta nadie ha ido por allí, ni tan siquiera para verificar el cumplimiento de la orden de total aislamiento de comunicaciones) llegando a conseguir la financiación necesaria para tan determinante llamada de una reconocida bebida refrescante. No en vano Mandrake es un mago de cómic de los años 30 que consigue salir de los problemas en los que se ve envuelto gracias a la magia.

Mandrake llama al Presidente

Los soviéticos han creado un dispositivo, el arma del juicio final, que sin mediación humana mandará un ataque nuclear contra EE.UU. en el momento que una bomba toque su suelo. El B-52 del mayor Kong ha sorteado el misil y, aún estando dañado, se dirige hacia sus dos objetivos y todo parece indicar que la radio no le funciona por lo que el desenlace resulta predecible: amigos y enemigos, al final, todos por un igual. El presidente americano lo tiene asumido pero el mandatario ruso se resiste a tamaña asunción.

Dimitri, no hay porqué ponerse histérico

El mayor Kong es el prototipo del recio y cumplidor americano tejano: una vez ha verificado que la orden de ataque es correcta, se engasta su sombrero vaquero que guardaba como un tesoro en la caja fuerte personal del avión y no duda en montarse a horcajadas sobre la bomba para solucionar el problema técnico de la apertura de la compuerta, aunque ello le suponga caer con ¡Hola! mientras, a lo hecho pecho, grita en éxtasis y espolea la bomba con su sombrero como si estuviese en un rodeo. Atendiendo al aire de vaquero del actor Slim Pickens, la idea de colocarle un sombrero de cowboy tratando de domar su potro hizo el resto. Imagen ésta que junto con la de la Sala de Guerra (en la que no se puede pelear) han acabado formando parte de la iconografía de una época. Nota: la segunda bomba, "Querido John", puede hacer referencia a John Von Neumann, experto en la Teoría de Juegos, diseñador de explosivos y estrategias de bombardeo, así como asesor presidencial en el análisis de los escenarios y estrategias de la Guerra Fría.

El mayor Kong, la garantía del sistema de guía

Los coloquios de José Luís Garci, un clásico de la televisión. En esta ocasión, Garci y su grupo de expertos tertulianos desmenuzan y despiezan esta bomba de relojería, no con la intención de desactivarla sino de acercarnos más si cabe a su comprensión.

Qué grande es el cine: ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú

Para una llamada telefónica en la que alguien se entera de que el holocausto nuclear está próximo, si se encuentra en la oficina el resultado es un documental, si está en el sofá de casa es un drama social pero si la llamada le pilla en el servicio, entonces es una comedia.

¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú, desde dentro

Ken Adam cuenta cómo fue el proceso de gestación de la Sala de Guerra.

Ken Adam, diseñador de la guerra fría moderna

Los puntos en común entre Lolita y Teléfono rojo: blanco y negro, comedia, Peter Sellers y Stanley Kubrick. Nota: la parte sobre "Teléfono rojo" a partir del instante 10:50.

Lolita y Dr. Strangelove, Peter Sellers y Stanley Kubrick

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