PERAL HERNÁNDEZ, Antonio
PERAL HERNÁNDEZ, Antonio

Descripción

Antonio Peral Hernández [Puente del Congosto (Salamanca), 1921- Madrid, 1977]. Ingeniero, inventor y empresario. Fundador de Amper (acrónimo de su nombre), surgida de un incipiente taller, logrando, en poco más de veinte años, una empresa con casi un millar de empleados, altamente tecnificada y ventas de 2.000 millones de pesetas, correspondiendo un 20% a la exportación.
 
Biografía
 
Antonio Peral nació el 17 de enero de 1921 en Puente del Congosto, pueblecito salmantino de la comarca de Béjar. De origen modesto, la muerte de su padre, cuando tenía 14 años, agravó la situación de la familia (su madre y una hermana más pequeña). Él, a partir de esa edad solo podía acudir a la escuela vespertina para adultos, de forma que por la mañana hacía de "correo" con los pueblos próximos y llevaba el pan a Santibáñez de Béjar, a 8 kilómetros. Construyó una especie de intercomunicador muy celebrado por los vecinos.
 
Se trasladó a Madrid al acabar la guerra y enseguida comprendió lo necesarios que eran los estudios. Acabó el bachillerato; se hizo radiotelegrafista y, más tarde, asistió a un curso de mecanografía a ciegas para conseguir, en 1942, trabajar por las mañanas en la emisora de El Pardo, donde transcribía a máquina directamente los mensajes que recibía en morse. De esta forma, de 15:00 a 21:00 horas, acudía a la academia para preparar el ingreso en la Escuela de Ingenieros de Telecomunicación, y después regresaba a El Pardo. Hasta su ingreso en 1946 fue, según contaba, el periodo más duro de su vida. A partir de esa fecha mejoraron sus condiciones ya que residía en Madrid a cambio de prestar servicio los domingos, días festivos y vacaciones.
 
En 1951 obtuvo el título, siendo el primer Ingeniero de Telecomunicación salmantino. Trabajó unos meses en Standard Eléctrica, pero sus ilusiones eran otras. Solicitó la baja en el Ejército y, con 15.000 pts. prestadas por un amigo del pueblo, registró la marca, y pagó el traspaso de un local en un caserón, demolido en parte durante la guerra, e inició la actividad con el nombre de Laboratorios Amper Radio. Así comenzó el primer periodo de la historia de la empresa, construyendo aparatos de radio e intercomunicadores, muy lejos de los objetivos que se había marcado.
 
La empresa. Inicios
 
En 1956 quiso dar a su taller el perfil de pequeña empresa, abandonando productos dirigidos al consumo que exigían una acción comercial, que quería evitar, para centrarse en sus propios diseños. Se escrituró como Amper Radio SL, con un capital de 400.000 pts., que compartía al 50% con un socio, dueño del nuevo local, que enseguida quiso deshacerse de su participación al no repartir dividendos. Eso ocurrió en 1961 y a partir de esa fecha Peral fue el único propietario. Entonces la plantilla ya era de 50 personas. Ese mismo año se casó con Soledad Salcedo; tuvieron cuatro hijos y, de mayores, solo el varón siguió la profesión de su padre.
 
En esta época, se lanzó el sistema Teleporta de telefonía de viviendas, pionero en España, y se diseñaron productos más profesionales, por ejemplo, los sistemas de sonorización de los trenes Ter. Como ejemplo de la capacidad técnica de esta empresa basta señalar el hecho de ganar el concurso para dotar a las bases hispano-estadounidenses, que entonces se estaban construyendo, de complejos sistemas de interconexión en altavoz.
 
En esta época comenzó el primero de los diseños de equipos telefónicos que llegaron a alcanzar éxito mundial. Peral tenía claro que un servicio contestador de llamadas telefónicas era útil tanto para la CTNE como para los abonados, pero la solución centralizada al estilo de EEUU, que exigía inversiones a la Compañía, era inviable económicamente en España. Sin embargo, un equipo en el domicilio del abonado tendría éste que pagar una cuota mensual y sería una fuente de ingresos. Convencido de su idea fabricó un prototipo que ofreció al operador y, después de años de pruebas y ensayos, obtuvo un importante pedido. Mientras eso ocurría, consciente de que llegado el caso habría que abordar su fabricación en serie, compró un solar en la calle Tracia y a lo largo de tres años, según la disponibilidad de recursos, construyó la fábrica.
 
Amper aprende a fabricar en serie
 
En 1966, con 65 empleados, empezó a fabricar allí el modelo CM-5, electromecánico, con muchas dificultades iniciales, por falta de experiencia en la fabricación en serie y también por la escasez, entonces, de componentes profesionales en el mercado español. Peral incorporó, como Director General, a un colega especializado en las labores de industrialización y, en tres años, se entregaron los 20.000 contestadores. Este equipo constituyó el origen de versiones que fueron introduciendo las tecnologías más avanzadas y convirtieron a Amper en una de las primeras empresas mundiales de la especialidad. (Por ejemplo el CM-52 ganó el concurso del PTT francés y se fabricaron allí con licencia Amper; el CM-53 empleó circuitos CMOS; el CM-60 permitía su consulta por control remoto y fue Premio Actualidad Española al mejor desarrollo con tecnología española y el último, CM-80, con microprocesador como unidad central de control era líder mundial en 1980).
 
Para lograr pedidos de la CTNE, Amper no tenía más remedio que centrarse en "nichos" innovadores, sin competir con el monopolio existente hasta la apertura de Barrera de Irimo. Y así, los teléfonos-marcadores con memoria incorporada fueron otra línea de investigación. Mientras se trabajaba en una solución electrónica para esa función, la CTNE convocó un concurso para este tipo de productos, pero con tecnología mecánica. Eso sí, el abonado no tendría que usar ningún dispositivo auxiliar para programar los números, como ocurría en las soluciones existentes en EEUU y Alemania. Amper ganó el concurso con el AM-3, una solución original y sencilla (descomponiendo en segmentos enchufables en un tambor los diferentes dígitos) que obtuvo la patente europea y recibió, en el S.I.M.O de 1970, el premio Luis Alberto Petit Herrera al mejor desarrollo español. A los pocos días de conseguir la patente, cuatro empresas alemanas solicitaron su explotación. Así comenzaron las relaciones con Siemens, empresa a la que se convenció para utilizar una solución eminentemente electrónica, en la que venía trabajando Amper, y de esta forma se suministraron a esa firma, durante 15 años, en diferentes versiones, equipos Namentaster (marcadores) y Comfoset, (teléfono y marcador) convirtiéndose en el segundo cliente, lo que exigía cumplir la rígida normativa alemana tanto en especificaciones como en niveles de calidad, (algo poco común entonces en España), puesto que se comercializaban bajo la marca Siemens.
 
En EEUU, en la década de los 60, comenzaron a sustituir los teléfonos de disco (impulsos) por los de teclado (multifrecuencia) que tenían ventajas, pero eran incompatibles con los equipos de conmutación instalados en las Centrales hasta entonces existentes y que en España, obviamente, deberían continuar explotándose muchos años. La idea de Peral: un teléfono de teclado, pero que transmitiese impulsos, exigía incluir en su interior, de forma compacta, la electrónica necesaria para la conversión. La CTNE aceptó la propuesta con la condición de llegar a un acuerdo con Citesa para utilizar las carcasas habituales. Esta empresa perteneciente a ITT, encargó a otra firma inglesa del mismo grupo, el desarrollo de una solución que compitiese con la ofrecida por Amper. La CTNE se benefició de esa competencia aumentando las prestaciones, llegando a poner la condición de que el equipo se alimentase autónomamente. La firma inglesa presentó un estudio de una célebre Universidad demostrando que ese requisito era inalcanzable. Amper lo logró y obtuvo el pedido. Como el espacio interior disponible era pequeño, creó, para ser fabricado por Texas Instrument, un circuito integrado custom design (primera vez en España) que completó con un circuito híbrido para el resto de componentes, lo que fue el origen de su futura Planta de Microelectrónica. De este equipo se fabricaron más de un millón de teléfonos destinados a CTNE y grandes cantidades, con carcasas propias, fueron exportados.
 
En 1971 Amper se trasformó en sociedad anónima con un capital de 30 Mpts. En 1976, tras una nueva ampliación, el capital social se estableció en 100 Mpts.
 
Un nuevo y atrevido concepto de empresa. El Centro de I+D
 
Tras los muchos éxitos alcanzados desde la fábrica de Tracia, Peral llegó a la conclusión, en diciembre de 1972, que para mantener el ritmo de innovación y la futura expansión era fundamental disponer de un Centro de Investigación integral, con todo lo necesario para la posterior industrialización. "Por la investigación al futuro" fue el eslogan que se utilizó. Para ello, se adquirió un solar de 5,460 m2 en la calle Torrelaguna /Avda de América donde se construyó un edificio de 9 plantas, con una superficie de 22.000 m2, acabado en 1974, destinado a Oficinas Generales y Centro de I+D. Entre los objetivos, además de atender las necesidades propias de Amper, se pretendía ofrecer las instalaciones a inventores para el desarrollo de sus ideas mediante diversas formas contractuales de colaboración, publicitadas en la campaña "una idea es un tesoro". También sería soporte para las plantas de montaje en aquellos países que lo solicitasen, dentro del acuerdo de intercambio de tecnologías entre empresas locales de diferentes países americanos, firmado por Peral, en 1973, en Caracas. Además, la Planta de Microelectrónica sería un complemento ideal para facilitar los trabajos de esas futuras instalaciones y el control del volumen de fabricación, por ser fuente única de suministro.
 
Mientras ese Centro iba tomando forma, previendo las necesidades futuras de titulados, se firmaron acuerdos de colaboración con tres cátedras de la ETSIT, durante los cursos 1972-73 y 1973-74, mediante la concesión de becas. Como fruto del acuerdo se incorporaron 12 ingenieros con formación específica de interés para Amper. Y en 1974, Peral visitó Japón para conocer los trabajos de determinadas empresas líderes.
 
Este ambicioso proyecto no contó con ayuda alguna; ni pública ni privada. Incluso se evitó hacer una inauguración oficial en 1975 para pasar desapercibidos pues la reacción de los responsables, en aquel momento, de la política industrial de CTNE fue negativa, al no comprender el interés por disponer de un Centro de investigación más potente que el suyo, en la calle Lérida. Cuando, en el verano de 1975, se concluyó el traslado a la nueva sede, la plantilla era de 936 empleados, de ellos, 60 titulados superiores y más de un centenar de grado medio.
 
El ocaso de un proyecto ambicioso
 
En julio de 1976 Peral se sometió a una operación quirúrgica sin riesgo aparente, pero la realidad fue peor que el diagnóstico. Nombró Consejero-Delegado al hasta entonces Director General, y prácticamente no volvió por la empresa. El 6 de noviembre de 1977 falleció después de 17 meses de penosa enfermedad. Una muerte prematiura había truncado su brillante carrera. La totalidad del accionariado pasó a su viuda, que ocupó la Presidencia, y a los cuatro hijos menores de edad, representados en el Consejo por un familiar, De esta forma, el planteamiento de la empresa cambió radicalmente. El riesgo, que fue el precio que se había pagado para lograr los éxitos alcanzados, tuvo que sustituirse por políticas conservadoras, en una situación de inflación galopante y escasez de créditos.
 
En 1984, Amper se incorporó al grupo industrial de Telefónica, que entonces se anunciaba como "locomotora del sector electrónico".
 
En 1980 el Gobierno concedió a Antonio Peral, a título póstumo, la Gran Placa de la Orden del Mérito de las Telecomunicaciones y el 10 de octubre de 2003 el Colegio de Ingenieros de Telecomunicación organizó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid una jornada de homenaje a "ingenieros que dejan huella" dedicada a Rogelio Segovia y a Antonio Peral. La labor de ambos fue glosada por sus colegas y estrechos colaboradores, Ricardo Valle y César Rico, respectivamente.
 
La vida profesional de Antonio Peral destacó por:
 
- Imaginación e inventiva, logrando patentes, tanto nacionales como extranjeras.
- Confianza en sí mismo. No quiso socios para poder reinvertir la totalidad de los beneficios.
- Capacidad para asumir riesgos, requisito para adelantarse a la competencia.
- Apoyo a la innovación. Siempre dedicó un porcentaje importante a trabajos de I+D.
- Tesón para conseguir sus objetivos, tanto en su formación como en Amper.
 
A ello hay que añadir un carácter poco común: humildad y liderazgo para imprimir motivación e ilusión a sus colaboradores.
 
Más información
 
- Mundo Electrónico, nº 103 (1981).- Visita al Centro de Investigación de Amper.- 25 años creando tecnología. Páginas 159 a 163.
- Crónicas y Testimonios de las Telecomunicaciones españolas. (COIT,2006), Capítulos 16 y 23. Varios autores; coordinador César Rico.
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