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SÁNCHEZ ARJONA Y SÁNCHEZ ARJONA, Rodrigo
SÁNCHEZ ARJONA Y  SÁNCHEZ ARJONA, Rodrigo

Descripción

Rodrigo Sánchez Arjona y Sánchez Arjona (Fregenal de la Sierra (Badajoz), 1841 - Fregenal de la Sierra (Badajoz), 1915). Administrador de las propiedades del legado familiar. Pionero español de las comunicaciones telefónicas. Su figura está indisociablemente vinculada a las primeras iniciativas españolas en el ámbito de la telefonía.

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1880 | SÁNCHEZ_R | Teléfono
Biografía

Rodrigo Sánchez Arjona y Sánchez Arjona, descendiente de una estirpe hacendada, nació en Fregenal de la Sierra (Badajoz) el 18 de marzo de 1841, Sus padres fueron Don Vicente Sánchez Arjona y Boza, Jaraquemada y Parreño y Doña Encarnación Sánchez Arjona y Casquete de Prado. Se trataba de una familia acomodada cuyas raíces se remontan al siglo XV. La infancia de Rodrigo transcurrió entre Fregenal y Sevilla donde cursó y rindió exámenes de enseñanza primaria y secundaria y obtuvo, en 1856, el grado de Bachiller en Filosofía. Inició sus estudios superiores en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Literaria hispalense y los concluyó en la madrileña Universidad Central, donde, en 1862, se licenció en Derecho civil y canónico, título del que fue investido en su Universidad de origen. Con la salvedad del período de práctica obligatoria, no ejerció la abogacía, consagrándose a la explotación y administración de las propiedades del legado familiar.

Al poco de cumplir los 23 años contrajo matrimonio con su prima hermana Fernanda Sánchez Arjona y Cabeza de Vaca, de cuya unión nacieron siete hijos. Tres de sus hijos y la propia Fernanda fallecieron prematuramente. El bienestar de su familia constituyó el eje en torno al que giró la vida de Rodrigo Sánchez Arjona y el engranaje de las aficiones y consiguientes actividades que le proporcionaron una cierta notoriedad.

Su temprano interés por la fotografía le llevó a relacionarse, desde 1860, con destacados profesionales españoles y con los principales expertos europeos (Gumersindo Ortiz, François Moigno, Désiré van Monckhoven, François Molteni, Jules Duboscq, etc.), para ampliar la información que obtenía en las publicaciones especializadas y requerir sus consejos para aplicarlos a las experiencias que desarrollaba, según atestiguan su archivo, sus descendientes y el laboratorio cuyos restos aún se conservan.

Mientras que, en el campo de la fotografía, se subió, por decirlo de alguna manera, al vagón de un tren que ya estaba en marcha, en el de las telecomunicaciones tomó el mando, sucesivamente, de varias locomotoras. Dicho sea esto último con suma moderación, toda vez que Extremadura, tradicionalmente, ha quedado relegada al adoptarse en España las decisiones que han configurado el diseño geográfico de las modernas tecnologías de comunicación. Así ocurrió con la telegrafía óptica, el ferrocarril (cuya lamentable situación sigue siendo de actualidad más de siglo y medio después), el telégrafo eléctrico y el teléfono. Salvo excepciones, habría que añadir, en las que se hace patente la presencia de Rodrigo Sánchez Arjona.

El lector atraído por la telefonía sabrá que la fecha tradicionalmente acuñada para su nacimiento es la del 14 de febrero de 1876, día en que Alexander Graham Bell se adelantó en dos horas a Elisha Gray en la presentación de la solicitud de la patente de un aparato, luego conocido como teléfono, pero que entonces se calificaba, incluso por parte del tercero en discordia que pugna por su invención, el italiano radicado en Nueva York, Antonio Meucci, como un telégrafo parlante. No ignorará que los primeros impulsos con acento hispano se produjeron entre octubre y diciembre de 1877, en el marco del cuartel de bomberos de La Habana y de la Escuela de ingenieros industriales de Barcelona, respectivamente. Incluso es posible que haya oído hablar de las experiencias del telegrafista murciano Enrique Bonnet y de la línea tendida en La Garriga por Tomás Nualart en 1878.

Para entonces estos acontecimientos eran del conocimiento de Rodrigo Sánchez Arjona que, sin ser telegrafista, ni ingeniero, ni inventor, se convertirá en protagonista de esta parcela de la historia de las telecomunicaciones. La curiosidad de Rodrigo por el teléfono se remonta prácticamente a los primeros pasos de esta invención cuya evolución seguía a través de las publicaciones científicas que frecuentaba, algunas como suscriptor.

En 1880 no había llegado aún el telégrafo eléctrico a Fregenal. La decidida intervención de Rodrigo en la sesión del consistorio del 22 de febrero de aquel año y las consiguientes gestiones por él desplegadas propiciaron que, el 19 de marzo, la Dirección General de Correos y Telégrafos autorizara el tendido de una línea entre la ciudad frexnense y la de Fuente de Cantos, abierta al público el 15 de septiembre siguiente. Se da la circunstancia de que, paradójicamente, las comunicaciones telefónicas precedieron a las telegráficas.

A comienzos de 1880, su inquietud por los problemas de salud de sus familiares más próximos trocó la atracción en necesidad. Las ausencias y desplazamientos inherentes a su actividad profesional eran incompatibles con la información, la atención y la asistencia personal requeridas. Exigencias que, si no suplidas, al menos podían ser paliadas por el nuevo instrumento, máxime si se tiene en cuenta su abultado legado de correspondencia, que le acredita como un amanuense compulsivo.

Estas circunstancias, sumadas a la mencionada autorización del 19 de marzo concediendo un permiso expreso a Rodrigo Sánchez Arjona para instalar una conexión telefónica entre su casa de Fregenal y su dehesa de Las Mimbres, distantes algo más de 8 km., explican que ya en abril empezara a colgar de los postes (de los que había hecho donación al municipio para el tendido municipal) por los que transitaría el hilo telegráfico en la linde de su finca, su propio alambre telefónico y que, en el entronque de la primavera con el verano, comenzara a transmitir la primera línea privada de España oficialmente autorizada (particularidad que la eximió de tributos en vida de su promotor). Para ello contaría con el asesoramiento y prestaciones de expertos como Du Moncel, Bravo y Araoz o Pérez Blanca, entre otros, y de los establecimientos más prestigiosos de Francia e Inglaterra.

Pronto se encadenaron los acontecimientos. Los días 27 y 28 de diciembre de ese mismo 1880, desde un terminal Gower-Bell (que se conserva al día de hoy), instalado en su casa de Fregenal, Rodrigo realizó, a través de la línea de telégrafo que, partiendo de esa localidad, unía Badajoz con Sevilla y Cádiz, las pruebas públicas del primer enlace telefónico interprovincial entre esta circunscripción extremeña y la capital hispalense. A comienzos de 1881 se repitieron las experiencias que se extendieron a Cádiz. Numerosos fueron los testigos de estas primicias: autoridades, científicos y profesionales, entre ellos los responsables de las respectivas direcciones telegráficas andaluzas, equipadas estas con aparatos Bonnet. Y varias también las publicaciones que en España y en el extranjero se hicieron eco de estos acontecimientos.

En un plano fechado en enero de 1881 y firmado por el Ayudante de Obras Públicas Regino Butrón, se plasmó un ambicioso proyecto, conocido como "Plan Arjona-Butrón". Ideado y cursado administrativamente por Rodrigo Sánchez Arjona, consistía en implantar una red telefónica que enlazaba los, entonces, ocho municipios del partido judicial de Fregenal de la Sierra y contemplaba su extensión a otras localidades de la provincia. Referencias no suficientemente documentadas mencionan una red urbana privada en el seno de Fregenal. Pero el desorden en que se inscribe la regulación del nuevo medio en España frustró esta iniciativa de comunicación interurbana que no se materializó, y sólo parcialmente, hasta finales de 1913, poco antes de su fallecimiento.

Rodrigo Sánchez Arjona falleció el 8 de enero de 1915 en su Fregenal natal.

Cabe circunscribir su actividad pública a dos episodios: las elecciones municipales de 1881 y el proyecto de ley sobre establecimiento de la red telefónica de 1882. En las primeras, celebradas en Fregenal los días 2 y 4 de mayo, fue el candidato más votado, pero la desaparición de su mujer, el día 21, le apartarían de la vida política. Rodrigo despediría su trayectoria telefónica al año siguiente. Miembro de la comisión constituida en el Senado para dictaminar el proyecto de ley (finalmente sancionado como Real Decreto el 16.8.1882) antes referido, trasladó temporalmente su residencia a la capital para involucrarse en el debate.

Sus convicciones en la materia quedaron reflejadas en dos frases extraídas de sendas cartas dirigidas a un amigo en abril de ese año: "en nuestro país es menester la paciencia de un santo para conseguir cualquier mejora pública porque nadie se ocupa más que de política [...] La Comisión del Senado está tan convencida de buenos deseos en la cuestión telefónica como desconocedora de la cosa"; y en un párrafo de una crónica publicada en La Correspondencia de España el 3 de ese mismo mes: "Llamó [Rodrigo Sánchez Arjona] al teléfono el telégrafo de los pueblos pequeños y pobres, puesto que su establecimiento es barato y su manejo puede hacerse por la persona más ignorante".

Más información
  • MULTIGNER, Gilles y ROMERO FRÍAS, Rafael (2011, 2014) «Las primeras comunicaciones telefónicas en Extremadura». En: Actas del X Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas. Badajoz: SEHCYT, 937-964.
  • ID. (2012) «Un siglo de comunicaciones telegráficas en Extremadura: 1810-1923», e-BIS, 2, 22-42; XI Congreso SEHCYT, Donostia, Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, 161-171.
  • ID. (2013) «Apuntes sobre comunicaciones en Extremadura: proyectos y realizaciones», La Ciencia, la técnica y la sociedad en la Extremadura de entresiglos. La figura de Darío Bacas (1845-1913), Cáceres, Institución Cultural El Brocense, 2013, 45-64.
  • ID. (En prensa) «El hilo de la dehesa». Comunicación presentada en el XIII SEHCYT, Alcalá de Henares.
  • MULTIGNER, GILLES (2010) «Ecos de Fregenal». En: Historia y Comunicación en la España Contemporánea. Libro homenaje a la profesora María Dolores Sáiz, 327-349. Madrid: Universidad Complutense de Madrid.
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